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La Coctelera

Francia, como término en latín, designa el territorio geográfico de los Francos que establecidos en el limes (frontera) del Imperio romano aprovecharon la decadencia de la autoridad romana durante el siglo V para expandirse en la Galia Romana.

De entre todos los pueblos Francos, los Salios encabezados por Clovis o Clodoveo I lograron eliminar toda competencia y aseguraron el dominio de su dinastía (Dinastía Merovingia) sobre los territorios de los Francos no romanizados, las romanas diócesis Viennensis y Galliarum (ocupando los territorios de los visigodos y burgundios), y sobre parte de territorios Germanos no romanizados como Alamania, Turingia o Baviera. De modo que se habrían establecido sobre los territorios de actuales países como Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Alemania Occidental y Suiza.

 Clodoveo I

Clodoveo I (466-511) fue rey de los Francos Salios (481-511) en la región de Tournai. Inició una política de expansión de su autoridad sobre las otras tribus francas y de ampliación de su territorium al sur y oeste de la Galia, hecho por el cual es considerado como el fundador de la dinastía Merovingia, la cual es nombrada en honor a su abuelo Meroveo, quien también fuera rey de los Francos Salios

Se casó con Santa Clotilde, hija de Chilperico II rey de los burgundios. Clotilde logra persuadir a Clodoveo para que se convirtiera al Catolicismo, siendo bautizado solemnemente junto a todos los jefes de su ejército por San Remigio, obispo de Reims, poniéndose así en buenos términos con la poderosa iglesia de Roma y con sus súbditos galorromanos.

 

Las divisiones políticas a la llegada al poder de Clodoveo I. Es de apreciar que solo el Reino de los burgundios y la provincia visigoda de Septimania quedaron sin conquistar a su muerte.

Durante su largo reinado de treinta años (481-511), Clodoveo I no duda en eliminar cualquier obstáculo a su objetivo de expansión. Conquistó a la mayoría o a todas las tribus francas vecinas a lo largo del río Rin y del río Meno (francos ripuarios) y las incorporó en su reino. También emprendió la incorporación de los laeti (asentamientos de bárbaros en el interior del Imperio romano) dispersos por la Galia: los sajones de Bayeux, los alanos de Armórica y los taifales de Poitou, por nombrar algunos de los más prominentes. Entre sus principales campañas están:

  • Conquista en el año 486 (Batalla de Soissons) los territorios ocupados por el general romano Siagrio, quien gobernaba los territorios comprendidos entre los ríos Somme y Loira con título de Dux. Los territorios en posesión de Siagrario constituían el último reducto del Imperio romano en occidente
  • En año (506? 496?) derrota de los Alamanes (Batalla de Tolbiac), grupo de tribus Germanas establecidas al borde sur, medio e inferior del Elba y a lo largo del Mein, estableciendo así la hegemonía Franca sobre este pueblo.
  • En el año 507 derrota a los Visigodos (batalla de Vouillé) quienes ocupaban los territorios al sur del Loira expulsándolos hasta más allá de los Pirineos, quedando en poder de estos la franja mediterránea de Septimania) y Provenza

Hacia el final de su vida, Clodoveo I gobernó toda la Galia excepto la provincia visigoda de Septimania y ostrogoda de Provenza y el reino de los burgundios en el sureste. A partir del año 507 la capital se establece en Paris, aunque el hecho de que París fuera la capital era solo simbólico, ya que el reino franco no tenía ningún tipo de administración.

Las divisiones del regnum francorum

 

La división del reino de los francos a la muerte de Clodoveo I (511), entre sus hijos herederos. Los reinos no eran unidades geográficas porque se formaron siguiendo un criterio fiscal de recogida de impuestos equilibrada en beneficio de sus hijos. La discrepancia de tamaños entre reinos revela la distinta concentración de territorios sometidos al fisco romano.

Los soberanos merovingios, siguiendo la tradición germánica, tenían la costumbre de dividir sus tierras entre los hijos supervivientes ya que carecían de un amplio sentido de república y concebían el reino más como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esto dio lugar a divisiones territoriales, segregaciones y redistribuciones, reunificaciones y nuevas particiones, en un proceso que originaba asesinatos y guerras entre las distintas facciones. Inicialmente eran elegidos por aclamación, que se realizaba elevando al rey sobre un escudo, de acuerdo con la antigua práctica germánica de elegir a su líder en la guerra durante una asamblea de guerreros libres, aunque la consagración como reyes en Reims con la Sagrada Ampolla -que se suponía traída por el Espíritu Santo para bautizar a Clodoveo-, le otorgaba un carácter superior a la dinastía merovingia, simbolizado por la práctica de dejar su pelo largo, sin cortar.

A la muerte de Clodoveo I, su reino fue dividido territorialmente entre sus cuatro hijos adultos de una manera tal, que se concedió a cada hijo una porción comparable de tierra con igual aprovechamiento fiscal (esto es, de recogida de impuestos), lo que probablemente señalaba que la tierra que una vez fue parte del erario romano, ahora había pasado al gobierno franco.

Los hijos de Clodoveo I instalaron la capitales de sus cortes próximas entre sí, en el corazón del territorio de los francos salios, en el noreste de la Galia: Teodorico I en Reims, Clodomiro en Orleáns, Childeberto I en París y Clotario I en Soissons. Durante sus reinados, los turingios (532), los burgundios (534) y los sajones y frisones (hacia 560), fueron incorporados al territorio franco.

Las tribus periféricas más allá del Rin estuvieron ligeramente sujetas a la soberanía de los francos, y aunque pudieran ser forzadas a contribuir con tropas a los esfuerzos militares del imperio, en tiempos de reyes francos débiles eran incontrolables e intentaban forzar su independencia de los soberanos merovingios.

El romanizado reino burgundio, sin embargo, fue preservado en su territorialidad y convertido en una de sus divisiones primarias (reinos), incorporado al centro del corazón de la Galia del reino de Clodomiro con su capital en Orleáns.

Los hermanos soberanos, herederos de Clodoveo, mostraron sólo signos intermitentes de amistad fraterna y, más a menudo competían en rivalidad política. A la temprana muerte de Clodomiro, su hermano Clotario I asesinó a sus jóvenes hijos (sus sobrinos) y se repartió el reino de su hermano (de acuerdo con la costumbre sucesoria) con el resto de los hermanos supervivientes de Clodomiro.

Teodorico I murió en 534, pero su hijo adulto Teodeberto I fue capaz de defender su herencia, la cual formó el más grande de los reinos francos y fue el núcleo del reino posteriormente llamado de Austrasia.

Teodeberto fue el primer rey franco en asegurar su independencia política respecto del Imperio bizantino (su abuelo Clodoveo fue nombrado patricius por el emperador Anastasio I, con derecho a vestir púrpura), ya que acuñó monedas de oro con su propia imagen en ellas y el lema magnus rex (gran rey), debido a su supuesto protectorado sobre pueblos tan alejados como los que en esa época vivían en la Panonia. Teodeberto interfirió en las Guerras Góticas de Italia (535-554) que acabaron con el reino ostrogodo, al lado de gépidos y lombardos contra ostrogodos, recibiendo las antiguas provincias del imperio romano de Retia, Nórico y parte de Venetia. Su hijo y sucesor, Teodebaldo, no pudo conservarlas y, a su muerte, todo su extenso reino pasó a su tío-abuelo Clotario. En 558, con la muerte de Childeberto I, la totalidad de los reinos francos fueron reunidos bajo un solo rey, Clotario I.

 

La división del reino de los francos a la muerte de Clotario I (561). Aunque la segunda división en cuatro partes del ‘'regnum francorum" produjo reinos más unificados geográficamente, el complejo reparto de Provenza originó muchos conflictos a los gobernantes de Borgoña y Austrasia.

Tres años después, en el año 561, Clotario I murió y el regnum francorum fue dividido una segunda vez, en una repetición de los acontecimientos de cincuenta años antes, entre los cuatro hijos de Clotario I, formando reinos con capitales en las mismas ciudades. El hijo mayor, Cariberto I, heredó el reino con capital en París y gobernó toda la Galia occidental. El segundo, Gontrán I, heredó el viejo reino de Borgoña, aumentado con las tierras de Francia central alrededor de la vieja capital de Orleáns (que se convirtió en su principal ciudad y capital) y con la mayor parte de Provenza. El resto de Provenza, Auvernia y Aquitania oriental fue asignado al tercer hijo, Sigeberto I, que también heredó Austrasia con sus principales ciudades de Reims y Metz (que ejerció de capital de su corte). El reino más pequeño era el de Soissons, que fue al hijo más joven, Chilperico I. El reino que Chilperico gobernó hasta su muerte en 584, se convirtió en el núcleo del reino que más adelante sería llamado Neustria.

Esta segunda división cuádruple del reino franco fue arruinada rápidamente por guerras fratricidas, emprendidas en gran parte después el asesinato de Galswinta, la segunda esposa visigoda de Chilperico, alentado por su amante (y tercera esposa) Fredegunda. La hermana de Galswinta, la esposa de Sigeberto de Austrasia, Brunegilda, incitó a su marido a la guerra y el conflicto entre las dos reinas continuó envenenando las relaciones de Austrasia y Neustria hasta el siguiente siglo. Gontrán I de Borgoña intentó mantener la paz entre sus parientes, aunque también intentó por dos veces (campañas de los años 585 y 589) conquistar Septimania del poder de los visigodos, pero fue derrotado ambas veces. Todos los hermanos supervivientes se beneficiaron de la muerte de Cariberto, e incluso Chilperico I pudo también extender su autoridad hasta los rebeldes bretones. Después de la muerte de Chilperico, Gontrán tuvo que someter otra vez a los levantiscos bretones.

En el año 587, el Tratado de Andelot -en cuyo texto se refiere explícitamente al regmum francorum por entero como Francia- establecido entre la reina viuda y regente de Austrasia, Brunegilda, y el rey de Borgoña, Gontrán I, aseguró su protección y la de su joven hijo Childeberto II, que había sucedido a su padre asesinado en 575, Sigeberto I, en Austrasia. Los territorios de Gontrán y de Childeberto II juntos eran más de tres veces más grandes que Neustria, el pequeño reino del sucesor de Chilperico I, Clotario II. Durante este período, el territorio de los francos adquirió el carácter tripartito que iba a mantener durante el resto de su historia, con luchas por la primacía entre Austrasia y Neustria, y Borgoña actuando como mediador, como tercero.

 

Los reinos merovingios como resultado del Tratado de Andelot (587). Con el Tratado se produjo la división del reino de Cariberto entre sus tres hermanos supervivientes: Childeberto recibió la parte de Gontrán con el Poitou y la Turena a cambio de sus extensas tierras en el centro y sur de Aquitania.

Cuando Gontrán murió sin herederos en 592, Borgoña fue a parar en su totalidad a su sucesor, el rey de Austrasia Childeberto II, que también murió tres años después, en 595. Sus dos hijos se repartieron el reino, con el mayor Teodeberto II tomando Austrasia más la porción que Childeberto II había tomado de Aquitania para su reino de Austrasia, mientras que su hermano menor Teoderico II heredó Borgoña y la parte de Aquitania que consiguió Gontrán I. Unidos, los hermanos intentaron eliminar a su primo Clotario II de Neustria y tuvieron éxito al conquistar la mayor parte de su reino, reduciéndolo solamente a algunas ciudades, pero no pudieron capturarlo. En 599 encaminaron sus fuerzas hacia Dormelles y tomaron el ducado de Dentelin (la cuenca del río Escalda, las tierras ancestrales de los francos salios), pero entonces los hermanos desconfiaron uno de otro y el resto del tiempo que pasaron en sus tronos estuvieron peleando entre sí, incitados a menudo por su abuela Brunegilda que, encolerizada por su expulsión de la corte de Teodeberto, convenció a Teoderico para usurpara su puesto como rey de Austrasia y que lo matara. En 612 Teoderico II venció en Toul a Teodeberto II y lo mandó matar junto a su hijo, y el reino entero de su padre Childeberto II fue gobernado de nuevo por un solo hombre. Pero por poco tiempo, pues como su padre, murió en la víspera de preparar una expedición contra Clotario II en 613, dejando como heredero a un hijo muy joven llamado Sigeberto II. Durante sus reinados, Teodeberto II y Teoderico II hicieron campañas contra los vascones (exitosas según sus cronistas) en Gascuña, donde habían establecido un ducado de Vasconia que había sometido a los vascones (602). Las crónicas de sus reinados señalan que extendieron la conquista gascona hasta más allá de los Pirineos, a saber, en lo que ahora son las provincias españolas de Guipúzcoa y Vizcaya, pero no consolidaron su posesión ya que pasaron a manos visigodas en 612. En la otra punta de su reino, los alamanes se rebelaron contra el poder franco y derrotaron a Teoderico II mientras los francos aflojaban su dominio sobre las tribus de más allá del Rin (sajonas, turingias, entre otras). En 610 Teodeberto II arrancó el ducado de Alsacia del reino de Teoderico II, comenzando un largo periodo de conflictos sobre qué reino debía poseer la región de Alsacia, si Borgoña o Austrasia, periodo que terminó solamente a finales del siglo VII.

Durante el breve reinado en Austrasia, Borgoña y Aquitania de Sigeberto II en minoría de edad, el cargo cortesano de mayordomo de palacio, que había sido durante algún tiempo visible en los reinos merovingios, se manifestó en toda su importancia en la política interna del reino, cuando una facción de los nobles de Borgoña y Austrasia se unieron alrededor de los mayordomos Warnacario, Rado y Pipino de Landen, para unirse a Neustria dando todo el poder a su rey Clotario II y quitándoselo a Brunegilda, que ejercía de bisabuela regente de Sigeberto II, al parecer, de forma odiosa para los nobles rebeldes. Los tres, Warnacario, Rado y Pipino fueron recompensados con los cargos de mayordomo de palacio de los distintos reinos que conformaban un reino unido de nuevo por el mismo rey, después de que el golpe de Clotario II tuviera éxito y mataran a Brunegilda y al pequeño rey de diez años Sigeberto II en el año 613.

Inmediatamente después de su victoria, Clotario II promulgó el Edicto de París (614), que se ha visto generalmente como concesión a la nobleza, aunque esta visión ha sido revisada bajo críticas recientes. El Edicto de Clotario intentó, sobre todo, garantizar el final de la corrupción en la justicia y el gobierno, pero también reforzó las diferencias locales entre los tres reinos merovingios (Austrasia, Borgoña y Neustria) y probablemente concedió a los nobles más control sobre los jueces (que eran nombrados por la propia nobleza local). Hacia el año 623 los austrasianos habían comenzado a solicitar un rey propio para su reino, puesto que Clotario II estaba muy a menudo ausente de Austrasia y, debido a su educación y gobierno anterior en Neustria, era considerado más o menos un forastero en la corte de Metz. Así, Clotario II asoció a su hijo Dagoberto I como rey de Austrasia y fue debidamente aclamado por los guerreros austrasianos a la manera tradicional (elevado sobre sus escudos). No obstante, aunque Dagoberto ejerció una verdadera autoridad en su reino, Clotario mantuvo el último control sobre el todo el reino franco en su conjunto.

 

Reino Franco de Aquitania (628). La capital de Aquitania fue Tolosa. Incluía Gascuña y fue la base del posterior Ducado de Aquitania.

Durante el co-reinado de Clotario II y su hijo Dagoberto I, que han sido llamados "los últimos merovingios gobernantes", los sajones, que habían estado ligados ligeramente a los francos desde finales de la década de 550, se rebelaron al mando de su jefe militar (o duque) Bertoaldo de Sajonia. Fueron derrotados y reincorporados al reino por la acción conjunta de padre e hijo. Cuando Clotario II murió en 628, Dagoberto, de acuerdo con los deseos de su padre, concedió un subreino a su medio hermano Cariberto II. Este subreino, comúnmente llamado Aquitania, fue una nueva creación que se añadió a los otros reinos merovingios: Austrasia, Borgoña y Neustria, y correspondía a la mitad meridional de la antigua provincia romana de Aquitania, con su capital en Tolosa. Otras ciudades importantes en este subreino eran Cahors, Agen, Périgueux, Burdeos y Saintes; el ducado de Vasconia era también parte de su territorio. Cariberto II hizo campaña con éxito contra los vascos, pero después de su muerte (en 632) se rebelaron otra vez. Al mismo tiempo, los bretones se alzaron contra el protectorado franco. El líder bretón Judicael fue aplacado e hizo las paces con los francos y pagó tributo después de que Dagoberto amenazara con llevar a un ejército contra él (635). En ese mismo año Dagoberto I envió a un ejército para someter a los vascos, con éxito.

Mientras tanto, Dagoberto I había asesinado al sucesor de Cariberto II, el niño Childerico de Aquitania y vuelto a reunir los territorios francos otra vez (632) en su persona, aunque fue forzado por la poderosa aristocracia de Austrasia a concederles a su propio hijo Sigeberto III como rey en 633. Este acto fue precipitado en gran parte por el deseo de los austrasianos de ser autónomos en una época en que los de Neustria dominaban la corte real. Clotario II había sido rey en París (capital de Neustria) durante décadas antes de convertirse en rey también en Metz (capital de Austrasia) y la monarquía merovingia siempre fue después de él una monarquía primero y sobre todo de Neustria. De hecho, es en la década de los 640 donde el vocablo "Neustria" aparece por primera vez en las crónicas coetáneas, y su posterior aparición frente al temprano vocablo de "Austrasia" (casi un siglo anterior, contemporáneamente con Gregorio de Tours), probablemente fuera debido al hecho de que los neustrianos (que formaban el principal grupo de cronistas en la Francia de su tiempo) llamaban a su región simplemente Francia. "Borgoña" (Burgundia) se definió también en oposición a "Neustria" aproximadamente en esta época. Sin embargo, fueron los austrasianos, que se habían visto a sí mismos como un pueblo distinto dentro del reino desde la época de Gregorio de Tours, los que hicieron los movimientos más estridentes hacia la independencia. Dagoberto, en sus conflictos con los sajones, alamanes y turingios, así como con los eslavos de más allá de las fronteras del reino (sobre los que intentó forzar su sometimiento aunque fue derrotado por su rey Samo en la batalla de Wogastisburg), hizo que todos los pueblos más orientales a los francos, aunque limitaban con Austrasia, estuviesen sometidos a la corte de Neustria y no a la de Austrasia. Esto, sobre todo, incitó a los nobles austrasianos a pedir de Dagoberto I un rey propio de la casa real merovingia.

 Los "reyes holgazanes" merovingios

El joven Sigeberto III fue dominado durante su minoría de edad por el mayordomo de palacio de Austrasia Grimoaldo I el Viejo, que convenció al joven rey, sin hijos, para que adoptase al suyo propio con el nombre merovingio de Childeberto, como heredero del reino. Después de la muerte de Dagoberto I en 639, el duque de Turingia Radulfo, se rebeló e intentó convertirse en rey. Derrotó a Sigeberto en lo que fue un serio revés para la dinastía gobernante (640). El rey perdió el apoyo de muchos magnates austrasianos durante la campaña y la debilidad de las instituciones monárquicas de esa época fue evidente por su incapacidad para hacer con eficacia la guerra sin la ayuda de los magnates; de hecho, el propio rey no pudo siquiera disponer de su propia escolta real sin la asistencia leal de los mayordomos de la corte Grimaldo y Adalgiselo. Fue por ello recordado a menudo como el primer roi fainéant "rey holgazán": no tanto porque eran reyes que "no hacían nada", sino por lo poco que lograron hacer, por incapacidad o por falta de apoyo de sus súbditos.

Clodoveo II, el sucesor de Dagoberto I en Neustria y Borgoña, que fueron reunidos bajo el mismo rey aunque gobernados por separado con distintas cortes, estuvo en minoría de edad durante todo su reinado. Estuvo dominado por su madre regente Nantilde y el mayordomo de palacio del reino de Neustria Erquinoaldo. El sucesor de Erquinoaldo, Ebroino, dominó el reino durante los siguientes quince años de casi constante guerra civil.

A la muerte de Sigeberto III (656), el mayordomo de palacio de Austrasia Grimaldo envió a Irlanda exiliado al hijo de sangre del rey, el futuro Dagoberto II, mientras entronizaba en Austrasia a su propio hijo, adoptado por Sigeberto, Childeberto. Ebroino, el mayordomo de palacio de Neustria, finalmente reunió los reinos merovingios para el sucesor de Clodoveo II, Clotario III, matando a Grimaldo y a su hijo Childeberto el Adoptado en 661. Sin embargo, los austrasianos exigieron de nuevo al rey Clotario III un rey propio para su reino, y Clotario III instaló a su hermano menor Childerico II. Durante el reinado de Clotario III, los francos atacaron el noroeste de Italia, pero fueron rechazados por el rey de los lombardos Grimoaldo en Rivoli, cerca de Turín.

 El ascenso de los Arnúlfidas y Carolingios

Pipino de Heristal

 

El reino franco a la muerte de Pipino de Heristal (714). En esa época, el vasto ducado de Aquitania (en amarillo) estaba vinculado teóricamente al reino franco.

En 673, Clotario III murió y algunos magnates de Neustria y Borgoña invitaron a Childerico II a que se convirtiera en rey, con lo que reunieron de nuevo los territorios bajo el mismo rey, pero poco después otros magnates neustrianos molestos con su gobierno lo asesinaron (675). Con el reinado de Teoderico III se comprobó el final de una época: el poder de los Merovingios desapareció sustituido por las ambiciones de sus mayordomos de palacio. Así en Austrasia los magnates que habían conseguido el regreso de Dagoberto II, hijo de de Sigeberto III, para evitar que Ebroino, mayordomo de Neustria, se inmiscuyera en los asuntos de Austrasia, terminaron asesinándolo; y Teoderico III, rey de todos los reinos merovingios, con una perspectiva exclusivamente neustriana, se alió con su mayordomo Berthar e hizo la guerra a los austrasios encabezados por su mayordomo Pipino de Heristal,. En 687 los neustrianos fueron derrotados en la batalla de Tertry , y así Teoderico III fue forzado a aceptar al Arnúlfida Pipino de Heristal como único mayordomo de palacio de todo el reino franco y dux et prínceps Francorum ("duque y príncipe de los francos", un título que significa, para el desconocido autor del Liber Historiae Francorum, el principio del "reino" de Pipino de Heristal). Después de eso, los monarcas merovingios quedaron subyugados por el mayordomo de palacio, quien ejercía el verdadero poder real.

Durante el período de confusión de las décadas de 670 y 680, se hicieron intentos para reafirmar la soberanía feudal franca sobre los frisones, pero inútilmente. En 689, sin embargo, Pipino de Heristal puso en marcha dos años después de Tertry una campaña de conquista de Frisia Occidental (Frisia Citerior, al oeste del río Fli) y derrotó a Radbod, rey de los Frisones, cerca de Dorestad, un importante centro comercial en la desembocadura del Rin. Toda la tierra entre el río Escalda y el Fli fue incorporada al reino franco. Entonces, hacia 690, Pipino atacó Frisia central (entre el río Fli y el Ems) y tomó Utrecht. En 695 Pipino de Heristal pudo incluso patrocinar la fundación de la Diócesis de Utrecht y el comienzo de la conversión de los frisones al Catolicismo por San Willibrord, Apóstol de los frisones. Sin embargo, Frisia Oriental (Frisia Ulterior, al este del Ems) quedó fuera del protectorado franco.

Después de haber obtenido grandes éxitos contra los frisones al norte de Austrasia, Pipino de Heristal se volvió al sur, a luchar contra los alamanes. En 709 lanzó una guerra contra Willehari, duque del Ortenau, probablemente en un esfuerzo para forzar la sucesión de los jóvenes hijos del difunto Gotfrido en el trono ducal. Esta interferencia condujo a otra guerra en 712 y los alamanes, de momento, fueron reincorporados al poder franco. Sin embargo, en la Galia meridional, que no estaba bajo la influencia de los Arnúlfidas, las regiones tensaban sus relaciones de dependencia con la corte real bajo líderes como por ejemplo el obispo borgoñón Savarico de Auxerre, Antenor de Provenza y Eudes de Aquitania.

Los reinados de Clodoveo IV y Childeberto III entre 691 y 711 tuvieron todas las características de los de los rois fainéants (reyes holgazanes), aunque Childeberto en funciones de juez supremo del reino realizó juicios en contra de los intereses de sus supuestos amos, los Arnúlfidas.

 Carlos Martel

Cuando Pipino de Heristal murió en 714, sin embargo, el reino se hundió en una guerra civil y los duques de las provincias periféricas se desvincularon de la influencia de los pipínidas. El sucesor designado de Pipino en la Mayordomía de Palacio bajo su viuda Plectrudis fue Teudoaldo, que se opuso inicialmente a la tentativa del rey Dagoberto III de designar a Ragenfrido como su mayordomo de palacio en todos los reinos merovingios.

Pronto apareció un tercer candidato a la mayordomía de Austrasia: el hijo adulto e ilegítimo de Pipino de Heristal, Carlos Martel (Carlos, el Martillo). Después de la derrota de Plectrudis y Teudoaldo a manos del rey merovingio (ahora Chilperico II) y de su mayordomo Ragenfrido, Carlos Martel elevó brevemente a su propio rey merovingio, Clotario IV, para oponerse a Chilperico. Finalmente, en la batalla de Soissons (718), Carlos derrotó a sus rivales y los forzó definitivamente a resignar todos sus cargos, aceptando el eventual regreso del rey Chilperico a condición de que el propio Carlos recibiera las dignidades de su padre Pipino como mayordomo de todos los reinos. No hubo más reyes merovingios que ejercieran como tales después de este punto, y Carlos y sus herederos, los Carolingios, gobernaron a los francos, pero no como reyes.

Después de 718, Carlos Martel emprendió una serie de guerras para consolidar la hegemonía de los francos en Europa occidental. En 718 derrotó a los sajones rebeldes, en 719 recorrió Frisia occidental, en 723 reprimió una nueva rebelión sajona otra vez, y en 724 derrotó al anterior mayordomo de Neustria Ragenfrido y a sus neustrianos rebeldes, terminando la fase de guerra civil de su gobierno. En 720, cuando Chilperico II murió, Carlos designó a Teoderico IV como rey, pero este último monarca merovingio fue una mera marioneta suya. En 724 Carlos Martel condicionó la elección de Hugberto de Baviera para la sucesión ducal sobre los bávaros y forzó a los alamanes a asistirle en sus campañas en Baviera (entre 725 y 726), donde se promulgaron leyes en nombre de Teoderico IV. En 730 Alamania tuvo que ser subyugada por la espada y su duque, Lantfrido, fue asesinado. En 734 Carlos combatió contra Frisia oriental y, finalmente, la sometió.

En la década de 720, se había consumado prácticamente la Invasión musulmana de la Península Ibérica, y se iniciaron las razzias sobre las Galias. En 725, los árabes toman Carcasona a los visigodos, de forma que una vez sometidos los visigodos en Septimania, en la década de 730, los árabes iniciaron avances hacia el norte, que hicieron que el duque Eudes de Aquitania pidiera ayuda al mayordomo de los francos Carlos Martel, de forma que los francos pudieron derrotar a los árabes en Poitiers (732). De esta manera pudo establecer su poder e influencia hacia el sur del reino. Contra estas aspiraciones, los locales dirigidos por el dux Mauronto, favorecen la expansión árabe hacia el este: en el 735 toman Arlés y en el 737 se apoderan de Aviñón y extienden sus razzias hasta Lyon y Aquitania; pero a pesar del contrataque del mayordomo franco, en Provenza, desde 739, los sarracenos amenazan a los lombardos. Carlos Martel con el apoyo lombardo pudo asegurarse el control de la región, aunque de modo vacilante, ya que no fue el 759, cuando su sucesor, ya rey, Pipino el Breve se apoderó de Narbona.

Poco antes de morir en octubre del 741, Carlos dividió el reino entre sus dos hijos con su primera esposa como si fuera rey, marginando a su hijo menor Grifón, quien recibió una pequeña porción (se desconoce exactamente cual). Aunque no había rey desde la muerte de Teodorico IV en 737, los hijos de Carlos, Pipino el Breve y Carloman seguían siendo solo mayordomos de palacio, pero asumiendo el estatus real y como tal y como habían hecho los reyes merovingios, se dividieron el territorio, Carlomán obtuvo Austrasia, Alemannia, y Thuringia, y Pipino, Neustria, Provenza, y Borgoña. Es indicativo de la autonomía de facto de los ducados de Aquitania (bajo Hunaldo) y Baviera (bajo Odilón) el hecho de que no fueran incluidos en la división del regnum.

Mapas estático y animado de la expansión de los francos.

  Por: Saulo | Categorías: Historía compártelo sin comentarios

Es un pergamino de grandes dimensiones (70x58 cm), redactado por los tres legados del Papa que formaban la comisión investigadora especial sobre los Templarios: los cardenales: Berenguer Fredol, Etienne de Suisy y Landolfo Brancacci.

Fue escrito en Chinon, población perteneciente a la diócesis de Tours, los días 17 al 20 de agosto de 1308. El manuscrito, se consideraba perdido en el siglo XVI y fue redescubierto en el año 2001 en los Archivos Vaticanos.

El folio de Chinon, contiene los interrogatorios realizados por la comisión papal a los templarios, en el castillo de Chinon (Francia), donde estaban encarcelados y las notas escritas por Clemente V y sus colaboradores.

El Folio de Chinon, demuestra que el papa Clemente V dio la absolución al Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, y a sus hermanos de la Orden.

El Pontífice les permitió además "recibir los sacramentos cristianos y ser acompañados de un capellán" hasta ser quemados en la hoguera.

El Documento de Chinon, demuestra la falsedad de las imputaciones realizadas contra la Orden, la bufonada del Proceso y los intereses que movió a los promotores.
Había que acabar con la Orden del Temple, acallando a Jacques de Molay y otros bailios. Jacques de Molay, había permanecido callado, sin apenas defender a la Orden, debido a la Obediencia que tenia al Papa y en todo momento exigía que fuese el Papa quien le juzgase. Emitida la injusta Orden de cadena perpetua, Jacques de Molay, pretende hablar y se le acallan a golpes. En este momento, se habría roto la obediencia de la Orden al Papa y las confesiones de Jacques de Molay, suponían un grave peligro para el Rey y el Papado.

  • ¿Ya no se podran sostener la acusación de renunciar a Cristo?. Jacques de Molay y Godofredo de Charnay, ante la injusta muerte en la Hoguera, piden que se les administren los sacramentos cristianos y lo quemen mirando a Notre Dame.?
  • Fueron condenados a Prisión Perpetua, pero el Rey Felipe el Hermoso, decidió: QUEMARLOS COMO HEREJES RELAPSOS.

    LA CADENA PERPETUA DEL TRIBUNAL, NO VALIA, POR DESEO DE LA CORONA DEBIAN SER QUEMADOS VIVOS EN LA HOGUERA.

  • El Documento de Chinon, demuestra la falsedad de las imputaciones realizadas contra la Orden, la bufonada del Proceso y los intereses que movió a los promotores.
  • Había que acabar con la Orden del Temple, acallando a Jacques de Molay y otros bailios. Jacques de Molay, había permanecido callado, sin apenas defender a la Orden, debido a la Obediencia que tenia al Papa y en todo momento exigía que fuese el Papa quien le juzgase. Emitida la injusta Orden de cadena perpetua, Jacques de Molay, pretende hablar y se le acallan a golpes. En este momento, se habría roto la obediencia de la Orden al Papa y las confesiones de Jacques de Molay, suponían un grave peligro para el Rey y el Papado.
  • El Pergamino de Chinon, deja al descubierto las vergüenzas de Papa Clemente V, pues permite quemar a unos inocentes, que dependían directamente de él.

La crítica histórica que acompaña a los ejemplares editados, toma partido por la afirmación de que Clemente V "absolvió a los templarios" pero que "comprendió que para evitar un cisma en la Iglesia era necesario sacrificar la supervivencia de la Orden".

El Catararismo

14, sep

 

El catarismo es la doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de carácter gnóstico que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X, logrando asentarse hacia el siglo XIII en tierras del Mediodía francés, especialmente el Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón.

Con influencias del maniqueísmo en sus etapas pauliciana y bogomila, el catarismo afirmaba una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaba la salvación mediante el ascetismo y el estricto rechazo del mundo material, percibido por los cátaros como obra demoníaca.

En respuesta, la Iglesia Católica consideró sus doctrinas heréticas. Tras una tentativa misionera, y frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de la corona de Francia, para lograr su erradicación a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense. A finales del siglo XIII el movimiento, debilitado, entró en la clandestinidad y se extinguió poco a poco.

Etimología

El nombre «cátaro» viene probablemente del griego καθαρός (kazarós): ‘puros'. Otro origen sugerido es el término latino cattus: ‘gato', el alemán ketter o el francés catiers, asociado habitualmente a "adoradores del diablo en forma de gato" o brujas y herejes. Una de las primeras referencias existentes es una cita de Eckbert von Schönau, el cual escribió acerca de los herejes de Colonia en 1181: «Hos nostra Germania cátharos appéllat».

Los cátaros fueron denominados también albigenses. Este nombre se origina a finales del siglo XII, y es usado por el cronista Geoffroy du Breuil of Vigeois en 1181. El nombre se refiere a la ciudad occitana de Albi (la antigua Álbiga). Esta denominación no parece muy exacta, puesto que el centro de la cultura cátara estaba en Tolosa (Toulouse) y en los distritos vecinos. También recibieron el nombre de «poblicantes», siendo este último término una degeneración del nombre de los paulicianos, con quienes se les confundía.

También era llamada "la secta de los tejedores" por el hecho de ser los tejedores y vendedores de tejidos sus principales difusores en Europa occidental.

Orígenes

El catarismo llegó a Europa occidental desde Europa oriental a través de las rutas comerciales, de la mano de herejías maniqueas desalojadas por Bizancio. Estas herejías se asentaron en Occidente y se propagaron por distintos países. Por ello, los albigenses recibían también el nombre de búlgaros (Bougres) y mantenían vínculos con los bogomilos de Tracia, con cuyas creencias tenían muchos puntos en común y aún más con la de sus predecesores, los paulicianos. Sin embargo, es difícil formarse una idea exacta de sus doctrinas, ya que existen pocos textos cátaros. Los pocos que aún existen (Rituel cathare de Lyon y Nouveau Testament en provençal) contienen escasa información acerca de sus creencias y prácticas.

Los primeros cátaros propiamente dichos aparecieron en Lemosín entre 1012 y 1020. Algunos fueron descubiertos y ejecutados en la ciudad languedociana de Toulouse en 1022. La creciente comunidad fue condenada en los sínodos de Charroux (Vienne) (1028) y Tolosa (1056). Se enviaron predicadores para combatir la propaganda cátara a principios del siglo XII. Sin embargo, los cátaros ganaron influencia en Occitania debido a la protección dispensada por Guillermo, duque de Aquitania, y por una proporción significativa de la nobleza occitana. El pueblo estaba impresionado por los Perfectos y por la predicación antisacerdotal de Pedro de Bruys y Enrique de Lausanne en Périgord.

Creencias

La herejía cátara tenía sus raíces religiosas en formas estrictas del gnosticismo y el maniqueísmo. En consecuencia, su teología era dualista radical, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en absoluto conflicto, uno espiritual creado por Dios y otro material forjado por Satán.

Los cátaros creían que el mundo físico había sido creado por Satán, a semejanza de los gnósticos que hablaban del Demiurgo. Sin embargo, los gnósticos del siglo I no identificaban al Demiurgo con el Diablo, probablemente porque el concepto del Diablo no era popular en aquella época, en tanto que se fue haciendo más y más popular durante la Edad Media.

Según la comprensión cátara, el Reino de Dios no es de este mundo. Dios creó cielos y almas. El Diablo creó el mundo material, las guerras y la Iglesia Católica. Ésta, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era según los cátaros una herramienta de corrupción.

Para los cátaros, los hombres son una realidad transitoria, una "vestidura" de la simiente angélica. Afirmaban que el pecado se produjo en el cielo y que se ha perpetuado en la carne. La doctrina católica tradicional, en cambio, considera que aquél vino dado por la carne y contagia en el presente al hombre interior, al espíritu, que estaría en un estado de caída como consecuencia del pecado original. Para los católicos, la fe en Dios redime, mientras que para los cátaros exigía un conocimiento (gnosis) del estado anterior del espíritu para purgar su existencia mundana. No existía para el catarismo aceptación de lo dado, de la materia, considerada un sofisma tenebroso que obstaculizaba la salvación.

Los cátaros también creían en la reencarnación. Las almas se reencarnarían hasta que fuesen capaces de un autoconocimiento que les llevaría a la visión de la divinidad y así poder escapar del mundo material y elevarse al paraíso inmaterial. La forma de escapar del ciclo era vivir una vida ascética, sin ser corrompido por el mundo. Aquellos que seguían estas normas eran conocidos como Perfectos. Los Perfectos se consideraban herederos de los apóstoles, con facultades para anular los pecados y los vínculos con el mundo material de las personas.

Normalmente la ceremonia de eliminación de los pecados, llamada consolamentum, se llevaba a cabo en personas a punto de morir. Después de recibirlo, el creyente era alentado para dejar de comer a fin de acelerar la muerte y evitar la "contaminación" del mundo (la endura, suicidio ritual por inanición).

Negaban el bautismo por la implicación del agua, elemento material y por tanto impuro, y por ser una institución de Juan Bautista y no de Cristo. También se oponían radicalmente al matrimonio con fines de procreación, ya que consideraban un error traer un alma pura al mundo material y aprisionarla en un cuerpo. Rechazaban comer alimentos procedentes de la generación, como los huevos, la carne y la leche (sí el pescado, ya que entonces era considerado un "fruto" espontáneo del mar).

Siguiendo estos preceptos, los cátaros practicaban una vida de férreo ascetismo, estricta castidad y vegetarianismo. Interpretaban la virginidad como la abstención de todo aquello capaz de "terrenalizar" el elemento espiritual.

Otra creencia cátara opuesta a la doctrina católica era su afirmación de que Jesús no se encarnó, sino que fue una aparición que se manifestó para mostrar el camino a Dios. Creían que no era posible que un Dios bueno se hubiese encarnado en forma material, ya que todos los objetos materiales estaban contaminados por el pecado. Esta creencia específica se denominaba docetismo. Más aún, creían que el dios Yahvé descrito en el Antiguo Testamento era realmente el Diablo, ya que había creado el mundo y debido también a sus cualidades («celoso», «vengativo», «de sangre») y a sus actividades como «Dios de la Guerra». Los cátaros negaban por ello la veracidad del Antiguo Testamento.

El consolamentum era el único sacramento de la fe cátara, con excepción de una suerte de Eucaristía simbólica, sin transubstanciación (si Cristo era una entidad exclusivamente espiritual, no encarnada, el pan no podía convertirse en el cuerpo de Cristo).

Los cátaros también consideraban que los juramentos eran un pecado, puesto que ligaban a las personas con el mundo material.

Supresión de la doctrina cátara

En 1147, el papa Eugenio III envió un legado a los distritos afectados para detener el progreso de los cátaros. Los escasos y aislados éxitos de Bernardo de Claraval no pudieron ocultar los pobres resultados de la misión ni el poder de la comunidad cátara en la Occitania de la época. Las misiones del cardenal Pedro (de San Crisógono) a Tolosa y el Tolosado en 1178, y de Enrique, cardenal-obispo de Albano, en 1180-1181, obtuvieron éxitos momentáneos. La expedición armada de Enrique de Albano, que tomó la fortaleza de Lavaur, no extinguió el movimiento.

Las persistentes decisiones de los concilios contra los cátaros en este periodo -en particular, las del Concilio de Tours (1163) y del Tercer Concilio de Letrán (1179)- apenas tuvieron mayor efecto. Cuando Inocencio III llegó al poder en 1198, resolvió suprimir el movimiento cátaro con la definición sobre la fe del IV Concilio de Letrán.

Esfuerzos pacíficos para combatir la doctrina cátara

A raíz de este hecho, la posibilidad cada vez más real de que Inocencio III decidiese resolver el problema cátaro mediante una cruzada provocó un cambio muy importante en la política occitana: la alianza de los condes de Tolosa con la Casa de Aragón. Así, si Raimundo V (1148-1194) y Alfonso II de Aragón (1162-1196) habían sido siempre rivales, en 1200 se concertó el matrimonio entre Ramón VI de Tolosa (1194-1222) y Eleonor de Aragón, hermana de Pedro II el Católico, quien, en 1204, acabaría ampliando los dominios de la Corona de Aragón con el Languedoc al casarse con María, la única heredera de Guillermo VIII de Montpellier.

Al principio, el papa Inocencio III probó con la conversión pacífica, enviando legados a las zonas afectadas. Los legados tenían plenos poderes para excomulgar, pronunciar interdictos e incluso destituir a los prelados locales. Sin embargo, éstos no tuvieron que lidiar únicamente con los cátaros, con los nobles que los protegían, sino también con los obispos de la zona, que rechazaban la autoridad extraordinaria que el papa había conferido a los legados. Hasta tal punto que, en 1204, Inocencio III suspendió la autoridad de los obispos en Occitania. Sin embargo, no obtuvieron resultados, incluso después de haber participado en el coloquio entre sacerdotes católicos y predicadores cátaros, presidido en Béziers en 1204, por el rey aragonés Pedro el Católico.

El monje cisterciense Pedro de Castelnau, un legado papal conocido por excomulgar sin contemplaciones a los nobles que protegían a los cátaros, llegó a la cima excomulgando al conde de Tolosa, Raimundo VI (1207) como cómplice de la herejía. El legado fue asesinado cerca de la abadía de Saint Gilles, donde se había reunido con Raimundo VI, el 14 de enero de 1208, por un escudero de Raimundo de Tolosa. El escudero afirmó que no actuaba por orden de su señor, pero este hecho poco creíble, fue el detonante que comenzó la cruzada contra los albigenses.

El Papa convocó al rey Felipe II de Francia para dirigir una cruzada contra los cátaros, pero esa primera convocatoria fue desestimada por el monarca francés, al que le urgía más el conflicto con el rey inglés Juan Sin Tierra. Entonces Pedro el Católico, que se acababa de casar, acudió a Roma en donde Inocencio III le coronó solemnemente y, de esta manera, el rey de la Corona de Aragón se convertía en vasallo de la Santa Sede, con la cual se comprometía a pagar un tributo. Con este gesto, Pedro el Católico pretendía proteger sus dominios del ataque de una posible cruzada. Por su parte, el Santo Padre, receloso de la actitud del rey aragonés hacia los príncipes occitanos sospechosos de tolerar la herejía (e incluso de practicarla), no quiso delegar nunca la dirección de la cruzada a Pedro el Católico. Posteriormente, el rey aragonés y su hermano Alfonso II de Provenza tomaron medidas contra los cátaros provenzales.

La cruzada contra la herejía

En 1207, al mismo tiempo que Inocencio III renovaba las llamadas a la cruzada contra los herejes, dirigidas ahora no sólo al rey de Francia, sino también al duque de Borgoña y a los condes de Nevers, Bar y Dreux, entre otros, el legado papal Pedro de Castelnau dictó sentencia de excomunión contra Raimundo VI, ya que el conde de Tolosa no había aceptado las condiciones de paz propuestas por el legado, en el que se obligaba a los barones occitanos no admitir judíos en la administración de sus dominios, a devolver los bienes expoliados a la Iglesia y, sobre todo, a perseguir a los herejes. A raíz de la excomunión, Raimundo VI tuvo una entrevista con Pedro de Castelnau en Sant Geli en enero de 1208, muy tempestuosa y conflictiva, de la que no salió ningún acuerdo.

Ante lo inútil de los esfuerzos diplomáticos el Papa decretó que toda la tierra poseída por los cátaros podía ser confiscada a voluntad y que todo aquel que combatiera durante cuarenta días contra los "herejes", sería liberado de sus pecados. La cruzada logró la adhesión de prácticamente toda la nobleza del norte de Francia. Por tanto, no es sorprendente que los nobles del norte viajaran en tropel al sur a luchar. Inocencio encomendó la dirección de la cruzada al rey Felipe II Augusto de Francia, el cual, aunque declina participar, sí permite a sus vasallos unirse a la expedición.

La llegada de los cruzados va a producir una situación de guerra civil en Occitania. Por un lado, debido a sus contenciosos con su sobrino, Ramón Roger Trencavel -vizconde de Albí, Béziers y Carcasona-, Raimundo VI de Tolosa dirige el ejército cruzado hacia los dominios del de Trencavel, junto con otros señores occitanos, tales como el conde de Valentines, el de Auvernia, el vizconde de Anduze y los obispos de Burdeos, Bazas, Cahors y Agen. Por otro lado, en Tolosa se produce un fuerte conflicto social entre la «compañía blanca», creada por el obispo Folquet para luchar contra los usureros y los herejes, y la «compañía negra». El obispo consigue la adhesión de los sectores populares, enfrentados con los ricos, muchos de los cuales eran cátaros.

La batalla de Béziers, que, según el cronista de la época Guillermo de Tudela, obedecía a un plan preconcebido de los cruzados de exterminar a los habitantes de las bastidas o villas fortificadas que se les resistieran, indujo al resto de las ciudades a rendirse sin combatir, excepto Carcasona, la cual, asediada, tendrá que rendirse por falta de agua. Aquí, sin embargo, los cruzados, tal como lo habían negociado los cruzados con el rey Pedro el Católico (señor feudal de Ramón Roger Trencavel), no eliminarón a la población, sino que simplemente les obligaron a abandonar la ciudad. En Carcasona muere Ramón Roger Trencavel. Sus dominios son otorgados por el legado papal al noble francés Simón de Montfort, el cual entre 1210 y 1211 conquista los bastiones cátaros de Bram, Minerva, Termes, Cabaret y Lavaur (este último con la ayuda de la compañía blanca del obispo Folquet de Tolosa). A partir de entonces se comienza a actuar contra los cátaros, condenándoles a morir en la hoguera.

La batalla de Muret

La batalla de Beziers y el expolio de los Trencavel por Simón de Montfort van a avivar entre los poderes occitanos un sentimiento de rechazo hacia la cruzada. Así, en 1209, poco después de la caída de Carcasona, Raimundo VI y los cónsules de Tolosa van a negarse a entregarle a Arnaldo Amalric los cátaros refugiados en la ciudad. Como consecuencia, el legado pronuncia una segunda sentencia de excomunión contra Raimundo VI y lanza un interdicto contra la ciudad de Tolosa.

Para conjurar la amenaza que la cruzada anticátara comportaba contra todos los poderes occitanos, Raimundo VI, después de haberse entrevistado con otros monarcas cristianos -el emperador del Sacro Imperio Otón IV, los reyes Felipe II Augusto de Francia y Pedro el Católico de Aragón- intenta obtener de Inocencio III unas condiciones de reconciliación más favorables. El papa accede a resolver el problema religioso y político del catarismo en un concilio occitano. Sin embargo, en las reuniones conciliares de Saint Gilles (julio de 1210) y Montpellier (febrero de 1211), el conde de Tolosa rechaza la reconciliación cuando el legado Arnaldo Amalric le pide condiciones tales como la expulsión de los caballeros de la ciudad, y su partida a Tierra Santa.

Después del concilio de Montpellier, y con el apoyo de todos los poderes occitanos -príncipes, señores de castillos o comunas urbanas amenazadas por la cruzada-, Raimundo VI vuelve a Tolosa y expulsa al obispo Folquet. Acto seguido, Simón de Montfort comienza el asedio de Tolosa en junio de 1211, pero tiene que retirarse ante la resistencia de la ciudad.

Para poder enfrentarse a Simón de Montfort, visto en Occitania como un ocupante extranjero, los poderes occitanos necesitaban un aliado poderoso y de ortodoxia católica indudable, para evitar que el de Montfort pudiera demandar la predicación de una nueva cruzada. Así pues, Raimundo VI, los cónsules de Tolosa, el conde de Foix y el de Comenge se dirigieron al rey de Aragón, Pedro el Católico, vasallo de la Santa Sede tras su coronación en Roma en 1204 y uno de los artífices de la victoria cristiana contra los musulmanes en las Navas de Tolosa (julio de 1212). También, en 1198, Pedro el Católico había adoptado medidas contra los herejes de sus dominios.

En el conflicto político y religioso occitano, Pedro el Católico, nunca favorable ni tolerante con los cátaros, intervino para defender a sus vasallos amenazados por la rapiña de Simón de Montfort. El barón francés, incluso después de pactar el matrimonio de su hija Amicia con el hijo de Pedro el Católico, Jaime -el futuro Jaime I (1213-1276), continuó atacando a los vasallos occitanos del rey aragonés. Por su parte, Pedro el Católico buscaba medidas de reconciliación, y así, en 1211, ocupa el castillo de Foix con la promesa de cederlo a Simón de Montfort sólo si se demostraba que el conde no era hostil a la Iglesia.

A principios de 1213, Inocencio III, recibida la queja de Pedro el Católico contra Simón de Montfort por impedir la reconciliación, ordena a Arnaldo Amalric, entonces arzobispo de Narbona, negociar con Pedro el Católico e iniciar la pacificación del Languedoc. Sin embargo, en el sínodo de Lavaur, al cual acude el rey aragonés, Simón de Montfort rechaza la conciliación y se pronuncia por la deposición del conde de Tolosa, a pesar de la actitud de Raimundo VI, favorable a aceptar todas las condiciones de la Santa Sede. En respuesta a Simón, Pedro el Católico se declara protector de todos los barones occitanos amenazados y del municipio de Tolosa.

A pesar de todo, viendo que ese era el único medio seguro de erradicar la "herejía", el papa Inocencio III se pone de parte de Simón de Montfort, llegándose así a una situación de confrontación armada, resuelta en la batalla de Muret el 12 de septiembre de 1213, en la que el rey aragonés, defensor de Raimundo VI y de los poderes occitanos, es vencido y asesinado. Acto seguido, Simón de Montfort entra en Tolosa acompañado del nuevo legado papal, Pedro de Benevento, y de Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia. En noviembre de 1215, el Cuarto Concilio de Letrán reconocerá a Simón de Montfort como conde de Tolosa, desposeyendo a Raimundo VI, exiliado en Cataluña después de la batalla de Muret.

El 1216, en la corte de París, Simón de Montfort presta homenaje al rey Felipe II Augusto de Francia como duque de Narbona, conde de Tolosa y vizconde de Beziers y Carcasona. Fue, sin embargo, un dominio efímero. En 1217, estalla en Languedoc una revuelta dirigida por Raimundo el Joven -el futuro Ramón VII de Tolosa (1222-1249), que culmina en la muerte de Simón- en 1218 y en el retorno a Tolosa de Raimundo VI, padre de Raimundo el Joven.

El fin de la guerra

La guerra terminó definitivamente con el tratado de París (1229), por el cual el rey de Francia desposeyó a la Casa de Tolosa de la mayor parte de sus feudos y a la de Beziers (los Trencavel) de todos ellos. La independencia de los príncipes occitanos tocaba a su fin. Sin embargo, el catarismo no se extinguió.

La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la herejía. Operando en el sur de Tolosa, Albí, Carcasona y otras ciudades durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV, tuvo éxito en la erradicación del movimiento. Desde mayo de 1243 hasta marzo de 1244, la ciudadela cátara de Montsegur fue asediada por las tropas del senescal de Carcasona y del arzobispo de Narbona.

El 16 de marzo de 1244 tuvo lugar un acto, en donde los líderes cátaros, así como más de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el prat dels cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo. Más aún, el Papa (mediante el Concilio de Narbona en 1235 y la bula Ad extirpanda en 1252) decretó severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatía con los cátaros.

Perseguidos por la Inquisición y abandonados por los nobles, los cátaros se hicieron más y más escasos, escondiéndose en los bosques y montañas, y reuniéndose sólo subrepticiamente. El pueblo hizo algunos intentos de liberarse del yugo francés y de la Inquisición, estallando en revueltas al principio del siglo XIV. Pero en este punto la secta estaba exhausta y no pudo encontrar nuevos adeptos. Tras 1330, los registros de la Inquisición apenas contienen procedimientos contra los cátaros.

Consideraciones

El movimiento cátaro, con sus luces y sombras, debe analizarse en su contexto histórico. No fue aíslado sino parte de un conjunto de alternativas religiosas de la época, entre las que destacó por su gran difusión y por lo radical de su propuesta. Dichos movimientos heréticos contradecían dogmas establecidos del catolicismo, por lo que la Iglesia se esforzó en vigilarlos, regularlos y/o perseguirlos. Más allá de los intereses implicados en la cruzada y de la obvia injusticia que ésta representó, la fe cátara fue especial objeto de persecución porque (oponiéndose frontalmente al catolicismo) predicaba un dualismo absoluto, un espíritu y una materia irreconciliabes, a diferencia de otras sectas gnósticas que eran más moderadas y que recibieron una tolerancia significativamente mayor por parte de la Iglesia.

La realidad histórica del catarismo ha sido a menudo objeto de distorsión, en sentido negativo o positivo, bajo perspectivas ideológicas diversas. Algunos, como la Iglesia y otros poderes de la época, no comprendieron el descontento con el materialismo y los abusos de las instituciones religiosas y políticas subyacente en el éxito de estas herejías. Otros han idealizado a los cátaros y los describen como "cristianos verdaderos" o "cristianos evolucionados", una religión supuestamente avanzada a su época, imagen que poco tiene que ver con los cátaros reales (secta maniquea que despreciaba completamente la materia).

También se discute el papel de la mujer en el catarismo, ya que si bien existía cierto igualitarismo, así como Perfectos y Perfectas, esto no respondía a ideas avanzadas sino al rechazo total del sexo y la procreación, expresiones impuras de la materia para los cátaros y por tanto no merecedoras de consideración.

La visión, muy difundida, de una sociedad cátara languedociana pacífica y armoniosa en contraste con el resto de la sociedad feudal, dominada por nobles crueles y ambiciosos y una Iglesia embrutecida por intereses terrenales, también debe ser matizada. La sociedad civil cátara pudo ser relativamente permisiva (más por la indiferencia total hacia los asuntos mundanos que por una mentalidad abierta), pero los cátaros, como la Iglesia y los nobles, no renunciaron a ejercer sus propias formas de intolerancia y violencia religiosa. En cuanto a las simpatías de la nobleza local por los herejes, éstas se debieron al interés más que a la convicción, relación análoga a la que mantenía la aristocracia del resto de Europa con el clero católico.

La literatura esotérica ha otorgado a los cátaros el papel de guardianes de supuestos secretos legendarios (como el Santo Grial) y los ha relacionado equívocamente con los Templarios y los Hospitalarios. Algunos sectores románticos del nacionalismo occitano y catalán también han idealizado el pasado cátaro, contribuyendo todavía más a la alterada imagen que a menudo se tiene hoy de este movimiento religioso.

 

La Primera Cruzada inició el complejo fenómeno histórico de campañas militares, peregrinaciones armadas y expansión colonial en Oriente Próximo que convulsionó esta región durante los siglos XI y XIII y que es denominado por la historiografía como las Cruzadas.

Aprovechando la llamada de auxilio del Emperador bizantino Alejo I Comneno, enfrentado con los turcos selyúcidas, el Papa Urbano II predicó en 1095 a los diferentes estados cristianos romanos de Europa Occidental la conquista de la llamada Tierra Santa. Al intento de Pedro el Ermitaño, siguió la movilización de un ejército organizado, inspirado por el ideal de la guerra santa y liderado por nobles principalmente provenientes del Francia y del Sacro Imperio Germánico, que fue nutriéndose en su avance de caballeros, soldados y numerosa población, hasta transformarse en un fenómeno de migración masiva. Los cruzados penetraron en el llamado Sultanato de Rüm y avanzando hacia el sur, fueron apoderándose de diversas ciudades y rechazando las fuerzas enviadas en su contra por los gobernadores divididos en sus disputas internas, hasta que adentrándose en los territorios de la dinastía Fatimí, conquistaron en el 1099 la ciudad de Jerusalén.

La Primera Cruzada supuso políticamente la constitución de los Estados Latinos de Oriente y la recuperación para el Imperio bizantino de algunos territorios, a la vez que significó un punto de inflexión en la historia de las relaciones entre las sociedades del área mediterránea, marcado por un periodo de expansión del poder del mundo occidental y por el uso del fanatismo religioso para la guerra. También permitieron aumentar el prestigio del papado, y el resurgir, tras la caída del Imperio romano, del comercio internacional y del incremento de los intercambios que favorecieron la revitalización económica y cultural del mundo medieval.

Trasfondo histórico

Los orígenes de las Cruzadas en general, especialmente la Primera Cruzada, provienen de los acontecimientos más tempranos de la Edad Media. La consolidación del sistema feudal en Europa occidental tras la caída del Imperio carolingio, combinada con la relativa estabilidad de las fronteras europeas tras la cristianización de los vikingos y magiares, había supuesto el nacimiento de una nueva clase de guerreros (la caballería feudal) que se encontraban en continuas luchas internas, suscitadas por la violencia estructural inherente al propio sistema económico, social y político.

Por otra parte, a comienzos del siglo VIII, el califato de los Omeyas había logrado conquistar de forma muy rápida Egipto y Siria de manos del cristiano Imperio bizantino, así como el norte de África. Las conquistas se habían extendido hasta la península Ibérica, acabando con el reino visigodo. Desde el mismo siglo VIII se pone freno en Occidente a esa expansión, con las batallas de Covadonga (722) y de Poitiers (732), y el establecimiento de los reinos cristianos del norte peninsular y del Imperio carolingio, en lo que supusieron los primeros esfuerzos cristianos por recapturar territorios perdidos frente a los musulmanes, y que se expresarían ideológicamente a partir del corpus cronístico astur-leonés en lo que más tarde se denominó Reconquista Española. A partir del siglo XII tuvo factores comunes con las cruzadas orientales (bulas papales, órdenes militares, presencia de cruzados europeos).

El factor desencadenante más visible que contribuyó al cambio de la actitud occidental frente a los musulmanes de oriente ocurrió en el año 1009, cuando el califa fatimí Huséin al-Hakim Bi-Amrillah ordenó destruir la Iglesia del Santo Sepulcro.

Otros reinos musulmanes que emergieron tras el colapso de los Omeya, como la dinastía aglabí, habían invadido Italia en el siglo IX. El estado que surgió en esa región, debilitado por las luchas dinásticas internas, se convirtió en una presa fácil para los normandos que capturaron Sicilia en 1091. Pisa, Génova y el Reino de Aragón comenzaron a luchar contra los reinos musulmanes en la búsqueda del control del mar Mediterráneo, ejemplos de lo cual podemos encontrar en la campaña Mahdia y en las batallas que tuvieron lugar en Mallorca y en Cerdeña.

La idea de la Guerra Santa contra los musulmanes finalmente caló en la población y resultó una idea atractiva para los poderes tanto religiosos como seculares de la Edad Media europea, así como para el público en general. En parte, esta situación se vio favorecida por los éxitos militares de los reinos europeos en el Mediterráneo. A la vez, surgió una nueva concepción política que englobaba a la Cristiandad en su conjunto, lo cual suponía la unión de los distintos reinos cristianos por primera vez y bajo la guía espiritual del papado y la creación de un ejército cristiano que luchase contra los musulmanes. Muchas de las tierras islámicas habían sido anteriormente cristianas, y sobre todo aquellas que habían formado parte del Imperio romano tanto de oriente como de occidente: Siria, Egipto, el resto del Norte de África, Hispania, Chipre y Judea. Por último, la ciudad de Jerusalén, junto con el resto de tierras que la rodeaban y que incluían los lugares en los cuales Cristo había vivido y muerto, eran especialmente sagradas para los cristianos.

En cualquier caso, es importante aclarar que la Primera Cruzada no supuso el primer caso de Guerra Santa entre cristianos y musulmanes inspirada por el papado. Ya durante el papado de Alejandro II, éste predicó la guerra contra el infiel musulmán en dos ocasiones. La primera ocasión fue durante la guerra de los normandos en su conquista de Sicilia, en 1061, y el segundo caso se enmarcó dentro de las guerras de la Reconquista española, en la batalla de Barbastro de 1064. En ambos casos el papa ofreció la Indulgencia a los cristianos que participaran.[3]

En 1074, el papa Gregorio VII llamó a los milites Christi ("soldados de Cristo") para que fuesen en ayuda del Imperio bizantino. Éste había sufrido una dura derrota en la batalla de Mantzikert (1071) a manos de los turcos selyúcidas[4] que abrió las puertas de Anatolia a los turcos, que establecieron varios sultanatos en la península. La conquista de Anatolia había cerrado las rutas terrestres a los peregrinos que se dirigían a Jerusalén. Su llamada, si bien fue ampliamente ignorada e incluso recibió bastante oposición, junto con el gran número de peregrinos que viajaban a Tierra Santa durante el siglo XI, sirvió para enfocar gran parte de la atención de occidente en los acontecimientos de oriente.[5] Algunos monjes como Pedro de Amiens el Ermitaño o Walter el indigente, que se dedicaron a predicar los abusos musulmanes frente a los peregrinos que viajaban a Jerusalén y otros lugares sagrados de oriente, azuzaron todavía más el fuego de las cruzadas.

Alejo Comneno, que ya había empleado anteriormente a mercenarios normandos y de otros países de occidente, escribió una carta al papa Urbano II, solicitándole su apoyo y el envío de nuevos mercenarios que lucharan por Bizancio contra los turcos.

Finalmente sería el propio Urbano II quien extendió entre el público la primera idea de una Cruzada para capturar la Tierra Santa. Tras su famoso discurso, en el concilio de Clermont (1095), en el que predicó la Primera Cruzada, los nobles y el clero presente comenzaron a gritar las famosas palabras, Deus vult! (en latín, "¡Dios lo quiere!").[6]

La predicación de Urbano II provocó un estallido de fervor religioso tanto en el pueblo llano como en la pequeña nobleza (no así en los reyes, que no participaron en esta primera expedición).

Oriente a finales del siglo XI

Mapa del Califato Omeya en el momento de su máxima extensión.

Hacia el este, el vecino más cercano de la cristiandad occidental era la cristiandad oriental: el Imperio bizantino, un imperio cristiano que desde el Cisma de Oriente de 1054 había roto explícitamente sus vínculos con el Papa de Roma, cuya autoridad dejó de reconocerse (de hecho, nunca se había aceptado más que como la de un primum inter pares junto a los patriarcas). Sutiles diferencias dogmáticas (la cláusula filioque y la eucaristía acimita o procimita) permitieron definir la oposición entre la Iglesia Católica occidental y la Iglesia Ortodoxa oriental. Las últimas derrotas militares del Imperio bizantino frente a sus vecinos habían provocado una profunda inestabilidad que sólo se solucionaría con el ascenso al poder del general Alejo I Comneno como basileus (emperador). Bajo su reinado, el imperio estaba confinado en Europa y la costa oeste de Anatolia y se enfrentaba a muchos enemigos, con los normandos al oeste y los selyúcidas al este. Más hacia el este, Anatolia, Siria, Palestina y Egipto se encontraban bajo el control musulmán, aunque hasta cierto punto fragmentadas por cuestiones culturales en la época de la Primera Cruzada. Este hecho contribuyó al éxito de esta campaña.

Anatolia y Siria se encontraban bajo el control de los selyúcidas suníes, que antiguamente habían formado un gran imperio, pero que en ese momento estaban divididos en estados más pequeños. El sultán Alp Arslan había derrotado al Imperio bizantino en la Batalla de Manzikert, en 1071, y había logrado incorporar gran parte de Anatolia al imperio.[4] Sin embargo, el imperio se dividió tras su muerte al año siguiente. Malik Shah I sucedió a Alp Arslan y continuaría reinando hasta 1092, periodo en el que el imperio selyúcida se enfrentaría a la rebelión interna. En el Sultanato de Rüm, en Anatolia, Malik Shah I sería sucedido por Kilij Arslan I, y en Siria por su hermano Tutush I, que murió en 1095. Los hijos de este último, Radwan y Duqaq, heredaron Alepo y Damasco respectivamente, dividiendo Siria todavía más entre distintos emires enfrentados entre ellos y enfrentados también con Kerbogha, el atabeg de Mosul.[7] Todos estos estados estaban más preocupados en mantener sus propios territorios y en controlar los de sus vecinos que en cooperar entre ellos para hacer frente a la amenaza cruzada.

En otros lugares de lo que nominalmente era territorio selyúcida se había consolidado también la dinastía artúquida. En particular, esta nueva dinastía controlaba el noroeste de Siria y el norte de Mesopotamia, y también controló Jerusalén hasta 1098. Al este de Anatolia y al norte de Siria se fundó un nuevo estado, gobernado por la que se conocería como la dinastía de los danisméndidas por haber sido fundada por un mercenario selyúcida conocido como Danishmend. Los cruzados no llegaron a tener ningún contacto significativo con estos grupos hasta después de la Cruzada. Por último, también hay que tener en cuenta a los nizaríes, que por entonces estaban comenzando a tener cierta relevancia en los asuntos sirios.[8]

Mientras que la región de Palestina estuvo bajo dominio persa y durante la primera época islamista, los peregrinos cristianos fueron, en general, tratados correctamente. Uno de los primeros gobernantes islámicos, el califa Umar ibn al-Jattab, permitía a los cristianos llevar a cabo todos sus rituales salvo cualquier tipo de celebración en público.[9] Sin embargo, a comienzos del siglo XI, el califa fatimí Huséin al-Hakim Bi-Amrillah comenzó a perseguir a los cristianos en Palestina, persecución que llevaría, en 1009, a la destrucción del templo más sagrado para ellos, la Iglesia del Santo Sepulcro. Más adelante suavizó las medidas contra los cristianos y, en lugar de perseguirles, creó un impuesto para todos los peregrinos de esa confesión que quisiesen entrar en Jerusalén. Sin embargo, lo peor estaba todavía por llegar: Un grupo de musulmanes turcos, los selyúcidas, muy poderosos, agresivos y fundamentalistas en cuanto a la interpretación y cumplimiento de los preceptos del Islam, comenzó su ascenso al poder. Los selyúcidas veían a los peregrinos cristianos como contaminadores de la fe, por lo que decidieron terminar con ellos. En ese momento comenzaron a surgir historias llenas de barbarie sobre el trato a los peregrinos, que fueron pasando de boca en boca hasta la cristiandad occidental. Estas historias, no obstante, en lugar de disuadir a los peregrinos, hicieron que el viaje a Tierra Santa se tiñese de un aura mucho más sagrada de la que ya tenía con anterioridad.

Egipto y buena parte de Palestina se encontraban bajo el control del califato fatimí, de origen árabe y de la rama chií del Islam. Su imperio era significativamente más pequeño desde la llegada de los selyúcidas, y Alejo I llegó incluso a aconsejar a los cruzados que trabajasen conjuntamente con los fatimíes para enfrentarse a su enemigo común, los selyúcidas. Por entonces, el califato fatimí era gobernado por el califa al-Musta'li (aunque el poder real estaba en manos del visir al-Afdal Shahanshah), y tras haber perdido la ciudad de Jerusalén frente a los selyúcidas en 1076, la habían recapturado de manos de los artúquidas en 1098, cuando los cruzados ya estaban en marcha. Los fatimíes, en un principio, no consideraron a los cruzados como una amenaza, puesto que pensaron que habían sido enviados por los bizantinos, y que se contentarían con la captura de Siria, y dejarían Palestina tranquila. No enviaron un ejército contra los cruzados hasta que éstos no llegaron a Jerusalén.[8]

Convocatoria e inicio de la Primera Cruzada. La cruzada de los pobres

Concilio de Clermont

Artículo principal: Concilio de Clermont El papa Urbano II en el Concilio de Clermont. Ilustración del Livre des Passages d'Outre-mer, de alrededor de 1490 (Biblioteca Nacional de Francia)

En marzo de 1095, Alejo I envió mensajeros al Concilio de Piacenza para solicitar al papa Urbano II ayuda frente a los turcos. La solicitud del emperador se encontró con una respuesta favorable de Urbano, que esperaba reparar el Gran Cisma de Oriente y Occidente, que había ocurrido cuarenta años antes, y reunificar a la Iglesia bajo el mando del papado como "obispo jefe y prelado en todo el mundo" (según sus palabras en Clermont),[10] mediante la ayuda a las iglesias orientales en un momento de necesidad.

Al Concilio de Piacenza, que permitió asentar la autoridad papal en Italia en un periodo de crisis, asistieron unos 3000 clérigos y aproximadamente 30.000 laicos, así como embajadores bizantinos que imploraban toda "la ayuda de la cristiandad contra los no creyentes". Habiendo asegurado su autoridad en Italia, el papa se encontraba libre para concentrarse en la preparación de la Cruzada que le habían pedido los embajadores orientales. Urbano también sabía que Italia no iba a ser la tierra que "se despertase a una explosión de entusiasmo religioso" a las convocatorias de un papa que, además, tenía un título discutido. Sus intenciones de persuadir "a muchos para prometer, mediante juramento, ayudar al emperador lo más fielmente posible y tan lejos como pudieran contra los paganos" no llegaron a muchos.

La invitación a una cruzada masiva contra los turcos arribaría en forma de embajadas francesas e inglesas a las cortes de los reinos medievales más importantes: Francia, Inglaterra, Alemania y Hungría, donde el último no habría podido enlistarse en las primeras crusadas por el luto que se guaradaba tras la muerte del rey San Ladislao I de Hungría (1046-1095), que duraría cerca de tres años. [11] El Papa Urbano II eventualmente consideró a Ladislao I como un candidato apropiado para comandar la Primera Cruzada, puesto que el rey húngaro era ampliamente conocido por su porte caballeresco y sus luchas contra los invasores cumanos, sin embargo, éste falleció escasos meses antes de la primera cruzada mientras llevaba a cabo una campaña militar contra el reino de bohemia en 1095.[12]

El anuncio formal sería en el Concilio de Clermont, que se reunió en el corazón de Francia el 27 de noviembre de 1095, el papa Urbano pronunció un inspirado sermón frente a una gran audiencia de nobles y clérigos franceses. Hizo un llamamiento a su audiencia para que arrebatasen el control de Jerusalén de las manos de los musulmanes y, para enfatizar su llamamiento, explicó que Francia sufría sobrepoblación, y que la tierra de Canaán se encontraba a su disposición rebosante de leche y de miel. Habló de los problemas de la violencia entre los nobles y que la solución era girarse para ofrecer la espada al servicio de Dios: "Haced que los ladrones se vuelvan caballeros."[10] Habló de las recompensas tanto terrenales como espirituales, ofreciendo el perdón de los pecados a todo aquel que muriese en la misión divina. Urbano hizo esta promesa investido de la legitimidad espiritual que le daba el cargo papal, y la multitud se dejó llevar en el frenesí religioso y en el entusiasmo por la misión interrumpiendo su discurso con gritos de Deus vult! (¡Dios lo quiere!) que habría de convertirse en el lema de la Primera Cruzada.

El sermón pronunciado por Urbano se encuentra entre los discursos más importantes de la historia europea. Existen cinco versiones de su discurso en distintos escritos, pero es difícil saber con exactitud sus verdaderas palabras puesto que todos esos escritos proceden de épocas en las que Jerusalén ya había sido capturada. Por ese motivo, no es posible distinguir con claridad entre los hechos verídicos y aquellos que fueron recreados a la luz del resultado exitoso de la cruzada. En cualquier caso, lo que sí está claro es que la respuesta al discurso fue mucho más amplia de la que se esperaba. Durante los años 1095 y 1096, Urbano extendió el mensaje a lo largo y ancho de Francia, mientras que urgía a sus obispos y legados para que extendiesen sus palabras por cualquier otro rincón de Francia, así como de Alemania y de Italia. Urbano intentó prohibir a ciertas personas (incluyendo a mujeres, monjes y enfermos) que se unieran a la cruzada, pero se encontró con que esto era imposible.

Para entender el éxito de la convocatoria a la Primera Cruzada, debe tenerse en cuenta también la situación en la que se encontraban por aquel entonces los miembros de la nobleza europea. Su estilo de vida, guerreando continuamente unos contra otros, y enfrentados de forma más o menos habitual con diversas instituciones eclesiásticas (con las que por otra parte estaban estrechamente vinculados, dada la común condición privilegiada de ambos estamentos y la identidad familiar entre alto clero y nobleza), suponía para ellos una amenaza espiritual muy seria, pues todos se veían en mayor o menor medida incursos en comportamientos que la Iglesia calificaba de pecados castigados con las penas eternas del infierno, y que en ocasiones acarreaban la más inmediata y visible pena terrenal de la excomunión, equivalente a la muerte civil. La Cruzada significaba para ellos una vía de salvación a través de una actividad que conocían y dominaban: la guerra. En ese sentido, el historiador Pierre Tucoo-Chala escribe lo siguiente:

Que algunos señores hayan tenido el pensamiento de a la vez asegurarse la salvación en el más allá y de obtener en estas tierras lejanas una suerte más envidiable que la tenían antes de partir es una evidencia. No fue seguramente el caso del vizconde de Bearn. (...) Es probable que su fe profunda haya sido confortada por la ocasión que se presentaba por fin por vez primera a los milites (caballeros) de poner su estilo de vida al servicio de sus convicciones religiosas.(...) Los eclesiásticos no tenían palabras suficientemente fuertes para condenar la vida practicada por estos guerreros. Para ellos milites, militia, implicaba malitia, maldad.(...)
A mediados del siglo XV, los potentes (poderosos) se han convertido en dueños de castillos especializados en el combate a caballo y persiguen asegurarse los ingresos necesarios para dedicarse únicamente al arte de la guerra. Para ello oprimen a sus campesinos y acaparan los bienes del clero, que denuncia su violencia incontrolada. Para intentar limitarla, la Iglesia había desarrollado la Paz de Dios y después la Tregua de Dios. (...) A pesar de estas iniciativas el clérigo manifestaba aun una gran desconfianza hacia su estilo de vida.
Pierre Tucoo-Chala[13]

Finalmente, la mayoría de los que contestaron a su llamada no eran caballeros, sino campesinos sin riquezas y con muy poca preparación militar. Por otra parte, era en este público en el que más calaba un mensaje que no sólo les ofrecía la redención de sus pecados, sino que también les aportaba una forma de escapar a una vida llena de privaciones, en lo que acabaría siendo una explosión de fe que no fue fácilmente manejable para la aristocracia.[14]

De resultas de esta explosión de fe, muchos abandonaron sus posesiones y se pusieron en marcha hacia Oriente. A los nobles, la Iglesia les prometía que sus bienes serían respetados hasta su vuelta, si bien, para armar un ejército, muchos de los cruzados poderosos (así llamados por la cruz que se tejían en sus vestiduras) tuvieron efectivamente que liquidar sus bienes y prepararse para un viaje sin retorno. Mucha gente humilde, en cambio, se limitó a ponerse en marcha, llevando consigo a sus familias y todas sus escasas posesiones. Éstos fueron los primeros en partir.

La cruzada de los pobres

Artículo principal: Cruzada de Pedro el Ermitaño La derrota de la cruzada de los pobres.

La convocatoria

Simultáneamente a Urbano II, varios predicadores, entre los que destaca Pedro el Ermitaño, consiguieron inflamar a una gran multitud de gente humilde, "entre ellos campesinos y artesanos, además de siervos" que, aunque el Papa Urbano había planeado la partida de la cruzada para el 15 de agosto de 1096 coincidiendo con la festividad de la Asunción de María, se puso en marcha antes de dicha fecha formando un ejército desorganizado y mal provisto formado por campesinos y pequeños nobles bajo la dirección de Pedro el Ermitaño con la intención de conquistar Jerusalén por su cuenta.

Dirigidos por los predicadores, la respuesta de la población superó todas las expectativas: Si bien Urbano había contado con la adhesión a la cruzada de unos pocos miles de caballeros, se encontró con una verdadera migración de unos 40.000 cruzados, si bien dichas cifras estaban compuestas en su mayor parte por soldados sin experiencia, mujeres y niños.[15]

El paso a través del Reino de Hungría

Pedro de Amiens y sus ejércitos Coronación del rey Colomán de Hungría

Sin tener ningún tipo de disciplina militar, y cuando se encontraban en lo que a los cruzados probablemente les parecía una tierra extraña (Europa del Este), pronto se vieron en problemas, todavía en territorio cristiano. El problema principal era el del aprovisionamiento, así como una gran cantidad de gente sin escrúpulos que vio en la cruzada, una oportunidad para saquear otros territorios. De esta forma, los ejércitos cruzados cometerían numerosos robos y matanzas a mediados del 1096 cuando entraron en el Reino de Hungría.

Primeramente, en marzo de 1096 se adentrarían los caballeros franceses de Valter Gauthier, quienes azotaron la región de Zimony, y rápidamente serían repelidos por las fuerzas del rey Colomán de Hungría (sobrino del fallecido San Ladislao I de Hungría quien había aceptado el llamamiento a las cruzadas antes de morir en junio de 1095). Hungría guardó un luto de tres años por San Ladislao, esto, combinado con la poca fortaleza para el momento del recién coronado rey Colomán, fue lo que impidió que el reino húngaro se enlistase en las primeras cruzadas (hasta el momento de la quinta cruzada cuando Andrés II de Hungría llevaría el ejército más grande de la historia de los cruzados). Luego de los estragos de los caballeros franceses de Gauthier, entraría el ejército de Pedro de Amiens, el cual sería escoltado a través del reino por las fuerzas húngaras de Colomán. Sin embargo, luego de que los cruzados de Amiens atacasen a los soldados escoltas y matasen a cerca de 4000 húngaros, el rey Colomán resolvería fijar una posición hostil contra los cruzados que atravesaban el reino en dirección a Constantinopla.

Por otra parte, considerando la situación, el rey húngaro Colomán permitió la entrada a los ejércitos cruzados de Volkmar y Gottschalk, a quienes eventualmente también tuvo que enfrentar y derrotar cerca de Nitra y Zimony, luego de que igual que los otros grupos anteriores causasen incalculables estragos y asesinatos en Hungría. Luego de esto, los húngaros dentendrían las fuerzas del Conde Emiko cerca de la ciudad de Mosony, y al poco tiempo, el rey húngaro forzaría a Godofredo de Bouillón a firmar un tratado en la Abadía de Pannonhalma, donde los cruzados se comprometían a pasar por el territorio húngaro con un buen comportamiento. Tras esto, las fuerzas continuarían fuera de territorios húngaro escoltadas por los ejércitos de Colomán y continuarían hacia Constantinopla.

Arribo a Asia Menor

En el difícil trayecto murieron unas diez mil personas, cerca de un cuarto de las tropas iniciales de Pedro, si bien el resto llegó a Constantinopla en agosto en relativas buenas condiciones. Una vez ahí volvieron a surgir tensiones debidas a las diferencias culturales y religiosas y a las reticencias a repartir provisiones entre un número tan grande de personas. Para complicar aún más las cosas, los seguidores de Pedro se unieron a otros cruzados provenientes de Francia e Italia. Finalmente, el emperador Alejo Comneno decidió embarcar rápidamente a los 30.000 cruzados para que cruzaran el Bósforo, quitándose cuanto antes ese problema de encima.[16]

Tras cruzar a Asia Menor, los cruzados comenzaron a discutir entre ellos y el ejército se dividió en dos partidas separadas. Desde allí, la multitud se internó en territorio turco, consiguiendo una victoria inicial, pero descuidando absolutamente la retaguardia. La experiencia militar de los turcos era demasiado para el inexperto ejército cruzado, sin conocimientos prácticos en el arte de la guerra. Finalmente, fueron masacrados y esclavizados fácilmente poco después de haberse internado en territorio selyúcida.[17] Pedro el Ermitaño consiguió volver a Bizancio y unirse a la Cruzada de los príncipes. Otro ejército de bohemios y sajones no logró atravesar Hungría antes de desbandarse.

Persecución de los judíos

Artículo principal: Persecución de los judíos durante la Primera Cruzada

La Primera Cruzada fue la chispa que inició una tradición de violencia organizada contra el pueblo judío en Europa. Si bien el antisemitismo había existido en Europa desde hacía siglos, la Primera Cruzada supuso el primer caso de violencia en masa y organizada contra las comunidades judías. En Alemania, ciertos líderes interpretaron que esta lucha contra el infiel debía ser llevada no sólo contra los musulmanes ubicados en Tierra Santa, sino también contra los judíos que habitaban en sus propias tierras.

Ilustración de una biblia francesa de 1250 que muestra lo que pudiera ser un grupo de judíos (identificables por sus gorros) siendo masacrados.

Los sermones que predicaban la Cruzada inspiraron un antisemitismo todavía mayor. Según algunos predicadores, los judíos y los musulmanes eran enemigos de Cristo, y era deber de la cristiandad enfrentarse a esos enemigos o convertirles a la fe cristiana. El público en general entendió que el "enfrentamiento" al que hacían mención los predicadores era sinónimo de luchar a muerte o darles muerte. La conquista cristiana de Jerusalén y el establecimiento de un imperio cristiano supuestamente instigaría el "Fin de los Tiempos", durante el cual los judíos deberían supuestamente convertirse al cristianismo. Por otro lado, en algunos lugares de Francia y de Alemania se consideró a los judíos como culpables de la crucifixión de Jesús, y se trataba de un colectivo mucho más visible y cercano que el de los musulmanes. Muchas personas se preguntaron por qué debían viajar miles de kilómetros para luchar contra los infieles si ya había no creyentes cerca de sus casas.

Partiendo a comienzos del verano de 1096, un ejército alemán compuesto por unos 10.000 cruzados y dirigido por los nobles Gottschalk, Volkmar, y Emicho se dirigió hacia el norte, siguiendo el Rin, en dirección opuesta a Jerusalén, para comenzar una serie de pogromos que algunos historiadores han llegado a llamar "el primer holocausto".[18]

Los Cruzados viajaron al norte a través del valle del Rin en busca de las comunidades judías más conocidas como Colonia, para luego dirigirse al sur. A las comunidades judías se les daba la opción de convertirse o ser masacradas. Muchas se negaron a la conversión y, a medida que se extendían las noticias de las masacres, se dieron algunos casos de suicidios en masa.

Esta interpretación de la Cruzada como guerra contra todo tipo de infiel, sin embargo, no fue algo universal, y existe constancia de que los judíos encontraron refugio en algunos santuarios cristianos. Un de esos casos fue el del arzobispo de Colonia, que se esforzó por proteger a los judíos de la ciudad de la matanza llevada a cabo por la propia población. En cualquier caso, miles de judíos fueron asesinados a pesar de los intentos de algunas autoridades eclesiásticas y seculares de protegerles.

Todas estas masacres se justificaron a través del argumento de que los discursos del papa Urbano habían prometido la recompensa divina a los que matasen a infieles, sin importar qué tipo de no cristianos fuesen. En ese sentido, el llamamiento no se dirigía exclusivamente a la guerra santa contra los musulmanes. Aunque el papado aborreció y predicó en contra de estas acciones locales contra judíos y musulmanes, estos actos se repitieron en todos los movimientos cruzados posteriores.

La Primera Cruzada

Ruta de los líderes de la Primera Cruzada.

Cruzada de los barones

El fracaso de la cruzada de los pobres no sería más que el preámbulo de lo que se identifica habitualmente como Primera Cruzada, que es conocida también como la Cruzada de los barones. Mucho más organizada que la anterior, la cruzada de los barones estaba compuesta por miembros de la nobleza feudal y se dividieron en cuatro grupos principales según su origen que utilizaron distintas rutas para llegar a Constantinopla.

En total, el ejército cruzado estaba compuesto por entre 30.000 y 35.000 cruzados, incluyendo a unos 5000 caballeros.[20] Raimundo de Tolosa era el líder del contingente más numeroso, compuesto por unos 8.500 hombres de infantería y 1.200 de caballería.[21]

Marcha hacia Jerusalén

Tras la exitosa convocatoria papal y la avalancha de participantes no fue posible plantear una expedición unitaria, por lo que partieron de Europa distintas expediciones que habrían de confluir por diferente rutas en Constantinopla entre noviembre de 1096 y mayo de 1097. Acompañando a los caballeros cristianos había muchos hombres pobres (pauperes) que sólo se podían permitir comprar las ropas más básicas y, quizás, algún arma vieja. Pedro el Ermitaño, que se había unido a la cruzada de los príncipes en Constantinopla, era considerado el responsable de cuidar a estas personas, a quienes se les permitía organizarse en pequeños grupos, posiblemente compañías militares afines, y que a menudo iban dirigidos por algún caballero empobrecido.

Los distintos grupos de cruzados llegaron a Constantinopla con pocas provisiones, esperando recibir ayuda de Alejo I. Alejo, por su parte, se encontraba en una situación difícil. Tras la dudosa experiencia vivida con la anterior cruzada de los pobres, y teniendo en cuenta que Bohemundo de Tarento era un antiguo enemigo suyo normando, no sabía hasta qué punto podía fiarse de los supuestos aliados cristianos venidos de occidente. Por otro lado, Alejo seguía teniendo esperanzas de conseguir controlar a este grupo de cruzados, y parece que incluso contemplaba la posibilidad de usarles como agentes del imperio bizantino para recuperar tierras perdidas. Dada la situación, Alejo llegó a un acuerdo con los cruzados: en intercambio por la comida y los suministros, Alejo exigía que los cruzados le jurasen lealtad, y que prometiesen devolver al Imperio bizantino todo el terreno que recuperasen de los turcos. Los cruzados, sin agua ni comida, no tuvieron otra opción que aceptar tomar el juramento, aunque no sin antes haber asumido todas las partes una serie de compromisos, y después de que casi se hubiese desatado un conflicto militar en la propia ciudad en un combate abierto con los akritai del emperador.

Sólo el príncipe Raimundo evitó el juramento, ofreciendo a Alejo que liderara la cruzada en persona. Alejo rechazó la oferta, aunque los dos personajes se convirtieron en aliados a raíz de la desconfianza que ambos tenían en Bohemundo.

Imperio bizantino antes de la Primera Cruzada. Imperio bizantino y los Estados Cruzados después de la Primera Cruzada.

Alejo llegó al acuerdo con los cruzados de enviar un contingente militar bajo el mando del general Tatikios (de origen turco, curiosamente) para acompañar a los cruzados a lo largo de Asia Menor. Su primer objetivo sería Nicea, una antigua ciudad del Imperio bizantino que ahora era la capital del Sultanato de Rüm, gobernado en ese momento por Kilij Arslan I. En ese momento, Arslan estaba en plena campaña militar contra los danisméndidas, en Anatolia central, y había dejado atrás tanto su tesoro como a su familia, infravalorando la capacidad militar de los cruzados.[22] La ciudad sufrió un largo asedio que no tuvo grandes resultados, puesto que los cruzados no fueron capaces de bloquear el lago en el que estaba situado la ciudad, y a través de éste podía recibir provisiones. Cuando Kilij Arslan recibió noticias del asedio se apresuró a volver a su capital, y atacó al ejército cruzado el 23 de mayo de ese año. Sin embargo, en esta ocasión los turcos fueron derrotados, si bien ambos bandos sufrieron duras pérdidas.[23] Viendo que no sería capaz de liberar la ciudad, aconsejó a la guarnición que se rindiese si la situación llegaba a ser insostenible. Alejo, temiendo que los cruzados saqueasen la ciudad y destruyesen su riqueza, llegó a un acuerdo secreto de rendición con la ciudad, y se preparó para tomarla por la noche.

Lista de Grandes Maestres de la Orden del Temple
Orden Mandato Nombre Blasón Región de origen
1. 1118-24 de mayo de 1136 Hugo de Payens Hughes de Payns.svg Champaña
2. junio 1136-13 de enero de 1147 Robert de Craon Armoiries Robert de Craon.svg Maine región de Vitré
3. 1147-1151 Evrard des Barrès Armoiries Evrard des Barres.svg Meaux (Champaña)
4. 1151-16 de agosto de 1153 (2º sitio de Ascalón) Bernard de Tremelay Armoiries Bernard de Tramelay.svg Franco Condado
5. 14 de agosto de 1153-17 de enero de 1156 André de Montbard Armoiries André de Montbard.svg Borgoña
6. 1156-2 de enero de 1169 Bertrand de Blanchefort Armoiries Bertrand de Blanquefort.svg Berry o región de Burdeos
7. 1169-3 de abril de 1171 Philippe de Milly Armoiries Philippe de Milly.svg Tierra Santa
8. 1171-19 de octubre de 1179 Eudes de Saint-Amand Armoiries Eudes de Saint-Amand.svg Provenza
9. 1179-30 de septiembre de 1184 Arnaldo de Torroja Armoiries Arnaud de Toroge.svg Aragón
10. 1184-4 de octubre de 1189 Gérard de Ridefort Armoiries Gérard de Ridefort.svg Flandes
11. 1189-13 de enero de 1193 Robert de Sablé Armoiries Robert de Sablé.svg Maine
12. 1193-20 diciembre de 1200 Gilbert Hérail Armoiries Gilbert Hérail.svg Aragón o Provenza
13. 1201-12 noviembre de 1209 Phillipe de Plaissis Armoiries Philippe du Plaissis.svg Anjou
14. 1210-26 de agosto de 1218 Guillaume de Chartres Armoiries Guillaume de Chartres.svg Chartres
15. 1219-28 de enero de 1232 Pedro de Montaigú Armoiries Pierre de Montaigu.svg Aragón o sur de Francia
16. 1232- 17 o 20 de octubre de 1244 Armand de Périgord Armoiries Armand de Périgord.svg Périgord
17. 1244-1247 (?) Richard de Bures Hughes de Payns.svg Normandía o Tierra Santa
18. 1247-11 febrero de 1250 Guillaume de Sonnac Armoiries Guillaume de Saunhac.svg Rouergue
19. 1250-20 enero de 1256 Renaud de Vichiers Armoiries Renaud de Vichiers.svg Champaña (?)
20. 1256- 25 de mayo de 1273 Thomas Bérard Armoiries Thomas Bérard.svg Italia o Inglaterra
21. mayo de 1273-18 mayo de 1291 (San Juan de Acre) Guillaume de Beaujeu Armoiries Guillaume de Beaujeu.svg Beaujolais
22. agosto de 1291-16 de abril de 1292 Thibaud Gaudin Armoiries Thibaud Gaudin.svg Chartres o Blois
23. Fin 1292-18 de marzo de 1314 Jacques de Molay Armoiries Jacques de Molay.svg Franco Condado

 

 

 

El Proceso a la Orden del Temple, nunca existio, su nombre se debe a la pantomina, que realizarón el Rey de Francia y el Papa Clemente, con la ayuda de la Inquisición para repartirse las riquezas y bienes de la Orden del Temple.
El 13 de Octubre de 2007, 700 años despues, renace la Orden del Temple.
El 25 de Octubre de 2007, el Vaticano, publica los documentos de "Processus contra Templarios".
El "Folio de Chinon" demuestra que el papa Clemente V, dio la absolución al Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay y a Godofredo de Charnay, permitiéndoles "recibir los sacramentos cristianos y ser acompañados de un capellán" hasta ser quemados en la hoguera. 

La creación de la Orden del Temple, coincide con la época Feudal europea. El regreso a Chipre de la Orden y posteriormente a Paris, coincide con la época de las Monarquías absolutas.
El poder militar de una Orden, organizada y curtida en la lucha por los Santos Lugares, causaba miedo en la Monarquías, que a su vez la necesitaban y usaban para financiarse.
Los Obispos, se sentían discriminados por la independencia religiosa de la que gozaba.
En 1274, en el Concilio de Lyon, Felipe el Hermoso, retoma el proyecto de fusión de los Templarios y Hospitalarios en una sola Orden, denominada Los Caballeros de Jerusalén, que estaría bajo la dependencia de la Corona francesa. Se oponen ambas Ordenes y el Papa Nicolás IV.
La falta de apoyo de los Papas Nicolás IV y Bonifacio VIII, a Felipe el Hermoso, contuvo los ataques a la Orden. Los problemas económicos en los que estaba inmersa la Corona, le llevaron a reponer determinados privilegios, para obtener en 1297 un préstamo de 5.200 libras de la Orden del Temple.
El canciller Guillermo de Nogaret, se establece como verdadero enemigo de la Orden y redacta unas Memorias, en las que inculpa a la Orden del Temple como los verdaderos responsables de la perdida de los Santos lugares y propone una Nueva Cruzada, que seria financiada, confiscando las propiedades de la Orden del Temple.
El Papa Bonifacio VIII, se opone tal despropósito y es raptado por la tropas de Felipe el Hermoso en Agnani, se produce una revuelta popular que consigue liberarlo. El papa excomulga a Felipe el Hermoso.
Le sucede Benedicto XI, cuyo pontificado duro un año y falleció en extrañas circunstancias, el día anterior a que apareciese la excomunión de Guillermo de Nogaret.
La nueva elección del Pontífice, fue una imposición de Felipe el Hermoso, para que la tiara recayese en el Arzobispo de Burdeos, Bertran de Got, que adopto el nombre de Clemente V y traslado la residencia papal a Francia, concretamente a Aviñon.
La negaciones de prestamos de los banqueros lombardos y judíos, para la financiación de los desastres en Flandes, supone la confiscación de sus bienes y la expulsión del país, teniendo que recurrir nuevamente a la Orden para la obtención de un préstamo.

Estrategias y Falsas pruebas para eliminar a la Orden del Temple

Clemente V, el Papa que había instalado su sede en Aviñon y debía su tiara a Felipe el Hermoso.
Como parte de la estrategia, convoca el 6 de agosto de 1306 a Jacques de Molay, para que se traslade de Chipre a Francia, alegando que deben tratar del desarrollo de una nueva Cruzada. El maestre arribo a Francia, cargado de oro y plata para financiar la prometida Cruzada.
Guillermo de Nogaret, continuaba con su labor de buscar pruebas o falsas pruebas que pudieran suponer alguna imputación contra los templarios.
En 1305, apareció un zascandil, llamado Esquiú de Floryan,(posiblemente un extemplario, expulsado de la Orden) el cual decía que había compartido las confidencias de un Templario prisionero en Agen.
Esquiú de Floryan, ofreció la información a Jaime II de Aragón, con la promesa de participar en el botín de la Orden del Temple. Jaime II, pronto pudo comprobar, que no existían tales pruebas ni los hechos imputados. En 1308, Esquiú de Floryan, envía una misiva reclamando a Jaime II, su parte en el botín obtenido por la desaparición de la Orden.
El desdén de Jaime II, lleva a Esquiú de Floryan, a ofrecerle la misma información a Guillermo de Nogaret, que obtiene así, una prueba para acusar a la Orden, convirtiéndose Esquiú de Floryan, en el principal testigo acusador.
Guillermo de Nogaret, introduce a 12 espías en la Orden, para confirmar las pruebas y obtener más información.
El 24 de agosto de 1307, Felipe el Hermoso, presiona al Papa, para que se una al complot, el cual se declina la propuesta, al no presentarle pruebas y promete una investigación profunda.
El complot se tramaba, sin que los Templarios tuvieran la más mínima duda o atisbo de las imputaciones que les iban a hacer. Felipe el Hermoso, distinguía a Jacques de Molay como padrino de uno de sus hijo.
Guillermo de Nogaret, actuaba presionando a la Inquisición y ofreciéndole falsa pruebas, para iniciar el proceso.
Definido el método, Guiilermo de Nogaret, asesora a Esquiú de Floryan y al abogado Guillermo de Paisians, para que presenten las correspondientes denuncias que permitan abrir un Proceso.
El gran Inquisidor, ya tiene las denuncias para abrir el proceso por Herejía, y solicitara a la autoridad el arresto de los encausado. Felipe el Hermoso, estaba asesorado por el Gran Inquisidor de Francia, el hermano Dominico Imberto.
El 14 de Septiembre de 1307, Guillermo de Nogaret, envía una misiva a todas la Iglesias y dependencias de Francia, con una orden muy concreta: Mantenerlo en silencio y no abrir hasta el día 13 de Octubre de 1307.
El contenido de la misiva, era la detención ese mismo día de todos los hermanos de la Orden del Temple, para mantenerlos en prisión, en espera del juicio de la inquisición y la confiscación de todos sus bienes.
La Orden del Temple, seguía sin sospechar absolutamente nada de la trama que cernía a sus espaldas. Felipe el Hermoso, agasajaba a la gran Maestre, de tal forma, que el día anterior a la detención, Jacques Molay, fue elegido para portar el cordón fúnebre de las exequias de Catalina Coutenay, esposa de Carlos Valois, hermano de Felipe el Hermoso.
El 13 de octubre de 1307, la traición se consuma en toda Francia.

El Inquisidor Guillermo de Paris

Los dominicos, se habían convertido en el martillo de herejes y no ahorraban horrendas torturas, con tal de obtener una confesión que deseaban oír.
Actuaron en el proceso contra los cataros y realizaron una copia del mismo contra los Templarios.
El Inquisidor Guillermo de Paris, no ahorro torturas para obtener la primeras confesiones de los miembros de la Orden.
Intervino el Papa, que se encontraba en Poitiers y decidió que se paralizaran el proceso, suspendiendo el poder de los prelados e Inquisidores y trasladando el asunto a su Tribunal.
La intervención del Papa, no era para establecer un proceso justo contra los Templarios, sino, para reafirmar su poder frente al Rey de Francia, a quien le debía la tiara.
Los Templarios, eran una Orden religiosa que solo dependía del Papa y solo el tenia poder para disolverlos o juzgarlos.
La conjura funciona de nuevo, el Rey cede para satisfacer la demanda del Papa y le envía a Poitiers los Caballeros infiltrados que actuaban como espías suyos. Las declaraciones de autoinculpación estaban escritas y el Papa, obtiene pruebas que le justifican el levantar de nuevo el proceso y devolver la autoridad Inquisitorial, reservándose para él, el juicio contra el Maestre Jacques de Molay.
Felipe el Hermoso, engañó al Papa y le prometió retirar todas las acusaciones que pesaban contra su antecesor Bonifacio VIII, muerto años atrás como consecuencia de las desavenencias con el Rey, si redactaba la abolición de la Orden. Clemente V, a pesar de las informaciones favorables sobre la Orden y de las acusaciones poco fundamentadas que pesaban sobre ella, en el Concilio de Viena del Delfinato, y por provisión apostólica, decidió la abolición de la Orden con la Bula Papal Vox in Excelso, el 22 de marzo de 1312. En junio del mismo año la bula Ad Providam otorgó los bienes de los Templarios a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén Los Caballeros Templarios, que habían sido sometidos a la Inquisición, estaban en tal estado que era imposible que soportaran el traslado hasta Poitiers para declarar ante el Papa. Las torturas, físicas y mentales a las que fueron sometidos, daba como resultado al muy distinto a un ser humano. El diablo, se vestía Inquisidor, para torturar a los caballeros de Cristo

 

Cronología del Proceso de la Orden del Temple

  • El 13 de octubre 1307. Detención de los templarios en toda Francia. Fecha legal de desaparición de la Orden del Temple y la transferencia de los bienes a la Orden del Hospital.
  • 24 de octubre de 1307. Juicio al Maestre Jacques de Molay
  • 3 de abril de 1312. Proclamación de la Bula Vox Clamantis, para la disolución de la Orden del Temple.
  • Febrero de 1318. Concilio de Tarragona. Absolución de los templarios catalano-aragoneses. Creación de la Orden de Montesa, bajo el reinado de Jaime II. Desde Aviñon, Juan XXII, proclama la bula Romanus Pontifex
  • 1314 Fin del Proceso Inquisitorial contra la Orden del Temple.
  • 18 de Marzo de 1314. Quema en la hoguera de los Maestres Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay

¿Porque hubo que esperar 7 años, desde el momento en que declara la disolución de la Orden del Temple, hasta la quema en la hoguera de Jacques de Molay. ?
La disolución de la Orden en Francia, no conllevo la inmediata desaparición de la Orden. Muchos Templarios de Francia, España y Portugal, proclamaban su inocencia y se resistían a entregar sus armas y Castillos. ¿Que hubiese sucedido, si Jaime I el Conquistador, se hubiera puesto al frente de la Orden del Temple.? Estamos seguros, que hubiese obtenido la anexión de todas las Ordenes y de los estados del Sur de Francia, produciendo un cambio de Monarca y quizás del Papado, dando lugar a lo que hoy podemos considerar la Europa del Mercado Común.

 

Proceso contra la Orden del Temple y el gran Maestre Jacques de Molay

El papa, se había reservado el juicio contra el Gran Maestre Jacques Molay. El Papa , delega en un comisionado compuesto por: el Arzobispo de Narbona: Gil Aycelin, a los Obispos de Bayeux, Mende y Limoges y a otros 6 eclesiásticos.
Renuncia a hacerlo en persona y nombra un Comisionado Pontificio, que debía realizar las investigaciones en diferentes lugares: Sens, Reims, Rouen, Tours, Lyon, Burdeos, Narbona y Auch.
El Rey, se niega a que visiten los lugares citado, alegando que la mayoria de los Templarios se hallan en Paris.
Al Papa, Clemente, le recordaban la suerte de su antecesores Bonifacio VIII y Benedicto XI. Clemente V, accede a las imposiciones reales, dejando la decisión al Comisionado, que también acata las ordenes del Rey
El Comisionado, redacto una circular el día 8 de agosto de 1309, citando a partir del día 12 de agosto, a todos los hermanos de Temple, que deseen declarar en Beneficio de la Orden, en la gran sala del Obispado de Paris.
La Comisión espero cinco días y no apareció ningún Templario a defenderla. La totalidad de los Templarios de Paris, estaban la cárcel y torturados, lógicamente no podían presentarse a defender a la Orden.
Para darle un poco de credibilidad, se acordó que el obispo de Paris, fuese a las cárceles a preguntar a los Templarios, si estaban dispuestos a defender a la Orden. La respuesta de de Jacques de Molay y la de los Templarios fue afirmativa.
Hugo de Pairaud, acudió al comisionado, para defender a la Orden alegando que no debían dispersar los bienes de la Orden, como no confesaba las imputaciones que le hacia, lo llevaron de nuevo a prisión.
El 26 de Octubre, es llevado Jacques de Molay, ante el Comisionado Papal el cual le pregunto si estaba dispuesto a defender a la Orden, el Maestre respondió, que estando en manos del Papa y del Rey y sin posibilidad de consejo le resultaría imposible.
Nuevamente, el comisionado le pregunta si tiene la intención de decir toda la verdad, el Maestre responde que desea toda la verdad mediante el testimonio de: Reyes, Príncipes y prelados.
Los Comisarios, le advierten que tuviera cuidado con lo que ya había confesado a su cargo y a cargo de la susodicha Orden. Le leen las declaraciones en latín y después en francés.
El Comisionado, procede a leer los hechos que se le imputan, basándose en las declaraciones obtenidas por los hermanos o los espías introducidos como caballeros.
Jacques de Molay, se persigna dos veces, como muestra de incredulidad, asombro e indignación e intenta sacar la espada que no tenia, diciendo:
- ¿Si los comisionados que me interrogan, fueran de otra condición, yo sabría responderles adecuadamente!.
El secretario del proceso, invito a comparecer a cualquiera que desease defender a la Orden.
Se persono el Comendador de la Orden en Payns: Ponsard de Gisy. Su testimonio fue rotundo y derrumbo todas las acusaciones y argumentos expuestos en contra de la Orden
Ponsard de Gisy, afirmo que todas las acusaciones hechas a la Orden como renegar o escupir a Jesucristo, sodomía y otras barbaridades, eran falsas y que todo lo que los hermanos de la Orden habían confesado había sido bajo torturas, torturas que había dado lugar a la muerte de 36 hermanos en Paris y otros en otros lugares . Ponsard de Gisy, describió al Comisionado las torturas a las que había sido sometido y se ofreció para defender a la Orden del Temple, si le asignaban los bienes necesarios para los gastos del Juicio y el poder consultar a los hermanos sacerdotes Rinaldo de Orleans y Pedro Boulogne.
Con tales declaraciones Ponsard de Gisy, sabia que estaba condenado a la tortura por intentar defender a la Orden. Solicito a los comisarios, que ordenaran que no le torturasen.
Los comisarios ordenaron a Felipe de Voet, preboste de Poitiers y a Juan de Jamville, que no se le maltratara. De poco sirvió la petición y tal como temía Ponsard de Gisy, la tortura acabo él poco tiempo después.
Aymon de Barbonme, sargento de a orden, relato como había estado a pan y agua durante 9 semanas y como fue sometido 3 veces a la tortura del agua. Nueva comparecencia de Jacques de Molay, que aparece agotado y sin fuerzas:
Jacques de Molay: - Yo soy un gentilhombre iletrado; oí hablar de una misiva apostólica, según la cual el Papa se reservaba el juicio de mi persona y de los principales miembros de la Orden del Temple y por eso no digo más. Dispuesto estoy a presentarme ante el Papa, pero siendo mortal y por quedarme poco tiempo de vida, os ruego que le supliquéis a su Santidad, que me convoque lo antes posible, aunque solo podré decirle una sola cosa: He tratado de honrar a Jesucristo y a su Iglesia, en cuanto he podido.
A la declaración había acudido Guillermo de Nogaret, con la finalidad de controlar la declaración y alterar al Maestre.
Guillermo de Nogaret, decidió partir hacia Aviñon, para solucionar los temas que tenia pendientes, tras la muerte de Bonifacio VIII, en realidad, era una estrategia para ausentarse y dar a entender que no estaba implicado en la Conjura.
La ausencia de Guillermo de Nogaret, se cubre nombrando a Gil de Aucelin, que ya había tomado partido a favor del Rey y el cargo asignado era el pago por los favores prestados y los que tendría que prestar.
El generalizado sentimiento popular de un fraude, empezó a inquietar a Felipe el Hermoso, el cual obligo a Guillermo de Nogaret y Plaisians a entablar juicios en su nombre, obviando la Corona.
El juicio se suspendió 3 días y se reanudo el 6 de Febrero, con la asistencia de numerosos templarios. Las declaraciones de Ponsard de Gisy, habían dado un vuelco al proceso y la sensación era que la parte oficialista encabezada por Nogaret y los Inquisidores, tenia pocos fundamentos.
Pero Guillermo de Nogaret, antes de ausentarse, había previsto un desfile de testigos, entre los que se encontraban los falso templarios infiltrados y aquellos otros Templarios, que ante la tortura, resultaron ser dóciles. Empleando las declaraciones de sargentos y sacerdotes y haciéndoles falsas promesas, declararon que tenían intención de defender la Orden, pero en realidad, testificaban lo que les habían escrito previamente.
El primer día declararon 15 Templarios, al día siguiente 33, entre ellos Beltrán de Sartiges, comendador de Vienne, que presento una férrea defensa del Temple frente e las acusaciones de los comisarios.
El día 14, declaran dos caballeros Templarios encarcelados en Sens, uno de ellos, Lorenzo de Beaume, comendador de Epailly, muestra durante su declaración, una carta enviada y redactada por Juan de Jamville, donde les expone: las confesiones que deben realizar y les amenaza con la hoguera en caso de no seguir las indicaciones facilitadas.. Lorenzo de Beaume, fue quemado vivo, 3 meses después de testificar.
La farsa de las declaraciones apañadas, empezaba a ir demasiado de prisa y Juan de Jamvile y Felipe de Voet, deciden tomar declaraciones a los incorruptos: Juan de la Tour, tesorero del La Orden, Guillermo de Arblay, excapellán del Rey y al mismo Jacques Molay, que seguía insistiendo en declarar ante el Papa.
El 14 de Marzo, los comisarios llaman a 80 templarios para leerles el Acta de Acusación de Comisariado, firmada y sellada con el sello de Guillermo de Nogaret y compuesta por 127 artículos con las acusaciones..
El mismo día reunieron a 595 Templarios, entre caballeros, sargentos y sacerdotes y les leyeron el acta de acusación en Latin y la Bula Faciens misericordiam. La voz de los Templarios fue una y todos querían defender a la Orden frente a las ignominias vertidas. El Arzobispo de Narbona, les aconseja que elijan 6 procuradores o síndicos. La elección recayó en:

  • Pedro de Boulogne. Sacerdote. Procurador de la Orden en el Tribunal de Roma.
  • Rinaldo de Provins. Sacerdote. Comendador de la Orleans.
  • Guillermo de Chambonnet. Caballero. Comendador de Blandeix.
  • Bertran de Sartiges. Caballero. Comendador de Sartigues. Ya se había destacado en el proceso de declaración

Los cuatro caballeros muestran el deseo de reunirse con el Maestre del temple y los bailíos, pero el Comisariado, les comunica que en el estado en que se encuentran, renuncian a defender a la orden.
La elección de Procurador o Sindico, era otra trampa legal les había tendido a los Templarios, pues la elección de sindico necesitaba de los 2/3 de cada casa de la Orden, algo que no podía suceder, pues estaban todos en diferentes cárceles y la de procurador, solo podía representar al mandante.
El 7 de Abril, Pedro de Boulogne expuso ante el Comisariado sus alegaciones:
El Rey engañado por algunos de sus seductores, informo erróneamente al papa y los dos fueron engañados por falsos testimonios y por difamación publica
La difamación había sido montada por Guillermo de Nogaret y en ningún momento pudo mostrar hechos o documentos que la justificasen.
Los Templarios estaban en las cárceles y los comisarios rechazaban todos los argumentos expuestos, alegando que la difamación no podía ser puesta en duda, según la publicación de la Bula Faciens misericordiam. Los acusados de herejes, no podían invocar ningún privilegio contra los Inquisidores.
Nuevamente Juan de Jamville y Felipe de Voet, presentan dos testigos amaestrados:

  • El 13de Abril, Guiscardo de Marziac, acude a contar la historia de su sobrino Hugo Marchand, un de estudiante de Derecho de cuarenta años, el cual tuvo que dejar su licenciosa vida por los revés económicos de su familia e ingreso en el Temple. Permaneció un mes en la Orden y se fue, falleciendo dieciocho meses después, sin que revelara ningún tipo de problema ni secreto contra la Orden.
  • El notario Raúl de Prael, amigo del comendador de Laon: Gervasio de Beauvais, confeso que le había dicho: "que existía un compendio de Estatutos, que enseñaría de buen grado, pero que había otros secretos que no enseñaría por por nada del mundo. Las palabras puestas en boca del Maestre se referían a estatutos ocultos o a los conocimientos ocultos de escritura y criptografía.

Pedro de Boulogne se queja al Comisariado, de la violencia las tretas que habían padecido como defensores, citando que a aquellos templarios que mantenían su confesión se les prometía salvar la vida, la libertad y un renta vitalicia, pues solo trataba de condenar a la Orden del Temple.
El día 12, antes de iniciar la sesión, llegan las noticias de que el Arzobispo de Sens: Felipe de Marigny, ha condenado a 54 de los Templarios, que se habían prestado a defender la Orden. Los cargos eran herejes relapsos y fueron quemados vivos.
Este y otros muchos hechos confirman la bufonada del proceso, se les acusa y quema sin terminar el proceso. Los comisarios, no pueden dar crédito y envían emisarios al Arzobispo para que sobreseyese la ejecución de la sentencia, pues aseguraban que la Orden y ellos mismos eran acusados falsamente de los hechos que se les imputaban.
Los 54 Templarios fueron quemados vivos en frente a la Iglesia de Saint- Antoine y las cronistas reales, transcriben:
Por mucho dolor que sufrían, ni siquiera en su destrucción quisieron reconocer nada...
Que sus cuerpos pertenecían al Rey y su alma a Dios.
El 13 de mayo, se presento como testigo el sargento Aimery de Villiers-le-Duc, el cual había presenciado el día anterior las carretas con los Templarios que iban a quemar vivos en la hoguera. Aimery, confeso que todas las imputaciones que se hacían contra la Orden del Temple eran falsas, pero que por temor a una muerte así, confesaría si se lo pidiesen, que había matado al Señor
El 27 de Mayo queman en Paris a Juan de Taverny y a otros 4 Templarios, en Reims, queman a otros 9 Templarios.
Los Comisarios, se ven desbordados, no tiene sentido una comisión Papal, cuando a los Templarios se les quema sin Juicio. Se retrasan los trabajos de la comisión, hasta octubre y solo quedan dos procuradores para defenderla: Beltrán de Sartiges y Guillermo de Chambonet.
El sacerdote Rinaldo de Provins, es degradado y no puede actuar como procurador.
Pedro de Boulogne, conjuntamente con otros 8 Templarios, recurre a la desesperada al Concilio de Vienne, para implorar la intervención del Papa y la respuesta obtenida es encerrarlos en prisión. Los Templarios habían comunicado al papa que 2000 hermanos, se hallaban escondidos en los alrededores de Lyon para secundarles. Clemente V, aumento significativamente su guardia y advirtió a Felipe el Hermoso.
A partir de este momento, el comisariado actuó como pura formalidad y le presentaron como testigos a Templarios amaestrados, que confesaban la realización de ritos obscenos, pero ninguno confeso renegación de Cristo o de la Cruz.
El proceso, ya se había realizado y no tenia sentido seguir con el comisariado. Después de escuchar a 231 testigos, es decir, una mínima parte, de los 20.000 Templarios, existentes en las más de quinientas encomiendas quela orden tenia en Francia
El día 20 de marzo, Felipe el Hermoso se desplaza a Vienne. Negocia con el Papa y acuerdan: los tesoros de la Orden y la ciudad de Lyon, pasarían a manos del Rey y los bienes inmuebles de la Orden al no poder entregárselos a un seglar, se destinarían a la Orden del Temple. Finalizado el acuerdo, el día 22, Clemente V, procede a decretar la supresión de la Orden del Temple, sin tener la condena formal de la Orden.

 

Contraataque Informativo de los Templarios durante el Proceso contra Jacques Molay, gran Maestre de la Orden del Temple

La Orden, no estaba preparada para luchar contra aquellos a los que había jurado obediencia. La detención de los templarios y el inicio de los Juicios, dejo a los miembros de la Orden sin ideas y sin saber quehacer. Una Orden con una organización tan estructurada, sabia en todo momento lo que tenia que hacer y quien lo debía hacer.
Los hechos contra la Orden eran cada vez más graves y los Templarios iniciaron un contraataque informativo.
Los Templarios no detenidos, redactaron pasquines y memorias para distribuirse por todo el Reino, explicando la falsedad de las acusaciones que se les imputaban.
La Orden de los Caballeros de la Milicia del Temple es pura y fuerte, lejos de los horrores que le reprochan. Podemos defenderla con todo nuestro honor.
Esto es tan notorio, que tenemos derecho a pedir que por Dios, se nos haga justicia, que se nos libere de una larga y cruel opresión y que a partir de ahora se nos admita en los sacramentos de la Iglesia.
Las intenciones eran buenas, pero la Orden ya no tenia poder logístico, eran perseguidos y usaban un medio escrito, para informar a una población, que en su mayor parte no sabia leer.

 

Penas que imponía la Orden del Temple a las faltas cometidas por los Hermanos

El castigo más grave para un Templario era la expulsión de la Orden del Temple y según la Regla, solo se podía producir en diez supuestos:

  • Simonía
  • Violación del Secreto del Capitulo
  • Ratería
  • Asesinato de un Cristiano
  • Conspiración
  • Salir de Una Casa ilícitamente de un Castillo o una Casa
  • Traición
  • Herejía
  • Sodomía
  • Huida del Campo de Batalla

Cuando un Templario era despedido de la Orden, se debía presentar ante el capitulo: desnudo, cubierto solamente por los calzones y con una correa al cuello.
El expulsado, tenia que dejar toda su ropa, porque : "Algunos malos hermanos que abandonan la Orden, se llevaban los hábitos y los llevaban en las tabernas y en los burdeles y en los malos lugares y los empeñaban o vendían a las malas personas, de lo cual la Orden sentía gran bochorno, gran vergüenza y gran escándalo...".

 

Acusaciones a la Orden del Temple: un plagio de las acusaciones a los Cátaros

La persecución de los Cátaros del sur de Francia, origino un movimiento de estos hacia la península ibérica. Los Templarios, ayudaron a los Cátaros a huir hacia Cataluña, Aragón y ha establecerse en diferentes localidades del Camino de Santiago.

 

Juicio actual a la Orden del Temple

Enjuiciar hoy día a la Orden del Temple, supone devolverles el Papel y Rango que les corresponde: Una Orden, que seria la admiración de cualquier empresa de nuestros dias y unos caballeros que resultarían ser unos trabajadores modelos

  • Defensores del Cristianismo.
  • Tolerantes con otras Religiones
  • Impulsores de a Libertad
  • Promotores del progreso social
  • Fomento de la escritura e investigación
  • Creadores de la Logística
  • Creadores de un Sistema bancario internacional
  • Financieros de las campañas en los Santos Lugares
  • Financieros de los Reyes

La Orden del Temple, se adelanto 800 años, a la mentalidad de sus coetáneos. Centrados en búsqueda de la perfección, se olvido, de que la envidia que generaban sus éxitos iba ser la causa de su destrucción.

 

Juicio a la Orden del Temple: Relación de cargos usados en el Proceso.

Sobre las causas del Juicio

  • Escupir sobre la Cruz y negación de Cristo. En ningún documento de la Orden se puede obtener tal afirmación. Las imputaciones, realizadas con declaraciones bajo tortura, se hablaba, de tales practicas, en la recepción de los neófitos a la Orden. Tales imputaciones no son ciertas y de existir alguna certeza, seria un concepto de novatada, alejada de los estatutos de la Orden. Como juzgaríamos, hoy día a nuestros Ejércitos o Colegios Mayores, donde estando prohibidas aun siguen ejerciéndose.
    Como se puede mantener la idea de que renegaban de Cristo, cuando entraban en la Orden de los Compañeros de Cristo.
  • Realizar Besos obscenos en las Ceremonias. La Orden, fue el vaso comunicante entre Oriente y Occidente de: cultura, ideas y costumbres. Besarse, en las culturas orientales, no significaba lo mismo que en Occidente. ¿Como hubieran juzgado a lo dirigentes rusos, que acostumbraban a besar en la boca a sus invitados.?
  • Practicas perversa de Sodomía. Seguro que las hubo, la orden se nutria de la Sociedad y aunque era una practica prohibida por las Reglas de la Orden, las condiciones de aislamiento, la convivencia entre varones y el ser una practica muy tolerada en Oriente, pudo dar lugar a la realización de practicas sodomitas. La gran mayoría de los Templarios eran heterosexuales, como lo demuestra la contradictoria acusación de tener hijos con monjas. Poco y mal podemos decir del tribunal que juzgo a la Orden, si la finalidad del Juicio fuese la búsqueda de la Verdad, la Orden hubiese salido impoluta, pero el tribunal tenia la condena preconcebida, aunque no hubiese argumentos. Las Reglas de la Orden, eran estrictas y señalaban que dormían en un camastro con sábana, n podían quitarse las calzas para dormir y el dormitorio estaba siempre iluminado.
  • Adorar a un ídolo en forma de cabeza, llamado Baphomet. Los Orden del Temple, tenia una gran devoción a Santa María Magdalena. El Baphomet, era el símbolo de la Muerte con Resurrección de Cristo, personificado en una Calavera. En la Edad Media, era costumbre recubrir las cabezas o calaveras de los santos, de oro, plata y adornos, así podemos ver hoy día, cabezas de Santos en diferentes Iglesias. La Calavera o Baphomet, es el mismo símbolo, que se representa a los pies de María Magdalena. La Orden no adoraba a ningún un ídolo o símbolo Satánico, si no a un símbolo cristiano : la resurrección de Cristo.
  • Llevar en la cintura una redoma, que había sido consagrada con el Baphomet
  • Los capellanes no consagraban la hostia en las celebraciones de la Eucaristía
  • Robos y saqueos al Tesoro Real. Felipe el Hermoso le confirió la custodia de los tesoros y según figura en actas percibió diferentes prestamos, sobre los que no se cobraban intereses
  • Ingerir las cenizas de los Templarios muertos e incinerados
  • ... engendrar hijos con monjas, para extirparles la grasa con que untaban el Baphonet y quemar a los niños. Las reglas lo prohibían de forma tajante: Consideramos peligroso para la religión, que se mire demasiado las caras de las mujeres; por esta razón, que nadie ose besar a una mujer, sea viuda, doncella, madre, hermana, tía... ni a ninguna otra.
  • Haberse acogido a las creencias de Islam. Nunca se ha podido demostrar, ni existen hechos. La Orden aprendía de las culturas Orientales.
  • Orinar encima de la Cruz el Viernes Santo.
  • Asesinar a quienes no adoraban al Baphomet o rompían el secreto.
  •  

El 18 de marzo de 1314, en el atrio de la catedral de París, el Gran Maestre del Templo, Jaques de Molay, fue condenado por el tribunal inquisitorial junto con otros 38 caballeros; aquella misma tarde fueron quemados en la hoguera.

 

 

Felipe el Hermoso y Papa, se reparten del botín de la traición

Felipe el Hermoso, deseaba apoderarse de todos los bienes del Temple. Ya se había apoderado de los tesoros de la Sede de la Orden Paris y otras ciudades.
Quedaban por repartir los bienes inmuebles, pero, al ser una Orden Religiosa que dependía directamente del Papa, no podía se cedida a ningún Seglar.
Este inconveniente, fue subsanado y el Papa negocia con el Rey y su Corte, entregar como compensación por no participar en el reparto de los inmuebles de los Templarios, el Feudo de la ciudad Episcopal de Lyon.
Con las arcas llenas delos fondos robados en l sede de la Orden y el feudo de Lyon, Felipe se considero satisfecho.
El 6 de Mayo Clemente, presento los trabajos de la comisión y otorgo a la Orden del Hospital los bienes materiales de la Orden del Temple, excepto los de la Península ibérica, donde la Orden había sido declarada Inocente.

 

La Orden de Temple fue declarada inocente en la Penisula Iberica

Templarios de Cataluña y Aragón

El Concilio de Tarrogona, declaro Inocentes a los Templarios de Cataluña y Aragón.
Se fundo la Orden de Motesa, para acoger a los caballeros Templarios de Aragón, Cataluña, Valencia, Córcega y Sicilia.

Templarios de Mallorca

La encomienda principal de la Orden estaba en Mas Deu y pronunciarón un energico alegao contra las acusaciones deherejia que se les realizaban.

Templarios de Castilla

El Concilio de Salamanca, declaro Inocentes a los Templarios de Castilla. La desaparición del Temple, supuso la admisión de los caballeros Templarios y la entrega de los bienes a la Orden de Calatrava

Templarios de Portugal

El Arzobispo de Lisboa, defendió la Inocencia de los Templarios y el Rey Dionisio fundó la Orden de de Cristo, para acoger a los Caballeros Templarios. iberica, donde la Orden habia sido declarada Inocente.

Las Ordenes fueron ratificadas por el Papa Juan XXII.

Templarios en Chipre

La Nobleza, Burgesia y los religiosos, aportarón su testimonio de la piedad, valentia y buen nombre de los Templarios. A excepción del Maestre de Hospital, principal benficiario de la desaparición de la Orden del Temple.

Templarios en Inglaterra

Solamente un renegado declaro contra la Orden y todos los demás Templarios, rechazaron las imputaciones, como confesiones obtenidas bajo el coacción y miedo a la tortura y quema en la hoguera.

La opinión del Procurador del Reino de Aragón a su Maestre.

Lo que el Papa ha hecho, no lo ha hecho, ni por derecho ni por vía de justicia, sino por provisión, diciendo que no era oportuno que la Orden subsistiera...

 

Quema en la hoguera de Jacques de de Molay y los bailíos del Temple

Trasladan a Jacques de Molay desde la prisión de Gisors a Paris, para que el 18 de Marzo de 1314, comparezca conjuntamente con los tres bailíos, ante el Arzobispo de Sens y los dos Cardenales asesores. Recordar que el Arzobispo de Sens, ya había quemado templarios sin haber finalizado el juicio.
Para la ocasión habían preparado un cadalso enfrente al pórtico de Notre Dame. Una inmensa multitud se había congregado para escuchar la sentencia: CADENA PERPETUA.
Ante tal injusticia, Jacques de Molay y el Comendador de Normandia Godofredo de Charnay, proclamaron en voz alta:

  • La inocencia de la Orden del Temple.
  • Revocaron sus confesiones

El Maestre, se volvió hacia la muchedumbre y dijo en voz alta: que todo lo que decía ese documento era falso y que no había dicho ni confesado tales cosas, sino que eran buenos cristianos
Ante ese discurso el Maestre fue golpeado en la boca, por uno de los guardianes y ya n pudo proseguir.
El gran Maestre Jacques de Molay, había mantenido su fidelidad y obediencia al Papa, hasta el extremo de hacer una dejación de defensa de la Orden, esperando siempre que fuese el Papa, quien los juzgase.
Mientras había creído en la Justicia y Autoridad de Clemente, se había resistido a hablar, perdida la esperanza de Justicia, Jacques de Molay, podía comenzar a hablar y ello representaría un grave problema y peligro para la Iglesia y la Corona.
Los Cardenales son conscientes de los problemas que puede ocasionar si habla Jacques de Molay y deciden meditar sobre el tema, enviándolos al preboste de Paris.
La Corona y su Consejo ha sido informada de los Hechos, y no caben las deliberaciones de los Cardenales. La Orden de la Corona, es tajante:
QUEMARLOS COMO HEREJES RELAPSOS.
LA CADENA PERPETUA DEL TRIBUNAL,NO VALIA, POR DESEO DE LA CORONA DEBIAN SER QUEMADOS VIVOS EN LA HOGUERA.
Se decidió proceder a quemarlos, aunque no estuviese ningún eclesiástico, el Maestre y Charnay fueron llevados en una barca hasta la isla de los Juncos (Javiaus), próxima a los jardines del rey y la Iglesia de San Agustín, en el emplazamiento actual de los muelles Grands Agustins, donde habían llevado la leña para la Hoguera.
Jacques de Molay, se dispuso a morir serenamente, se desvistió y soporto las crueldades de los guardianes. Pidió permiso para juntar las manos y rezar por ultima vez a Dios de cara a Notre Dame y les pidió a sus verdugos que lo cuando lo ataran al poste de la Hoguera, lo pusieran de cara a Notre Dame. Afirmo por ultima vez que La Orden del Temple era inocente y dejaba en manos de Dios.
Ataron al poste a Jacques de Molay y Godofredo de Charnay y prendieron fuego a la leña. Las vidas de Molay y Charnay desaparecían entre las llamas, acallando cualquier posibilidad de hablar.
Hugo de Pairaud y Godofredo de Gonneville, al no intentar hablar, mantuvieron la condena impuesta de cadena perpetua y desaparecieron en las cárceles.

 

Trágico final de los actores del Proceso contra la Orden del Temple

Jacques Molay se encomendó a la Justicia Divina y todos los actores de la falsa acusación y farsa de proceso tuvieron un final trágico:

  • Cardenal Esteban de Suisy. Falleció durante el transcurso del Concilio de Vienne.
  • Arzobispo de Tolosa. poco tiempo después de Esteban.
  • Guillermo de Nogaret. Tan macabro personaje, ceso como canciller, siendo postergado al olvido y falleció el 11 de abril de 1313.
  • Guillerm de Plaisians. Falleció el 22 de diciembre de 1313.
  • El Papa Clemente V. Se retiro al Condado de Venaissin, rodeado de Cardenales y no volvió a conceder más Audiencias. Ocas semanas después de quemar a Jacques de Molay, cayo enfermo y como de una venganza se tratase, sus médicos le recetaron tomar esmeraldas machadas. Murió en Roquemaure-sur-Rhone, el 20 de abril de 1314.
  • Felipe el Hermoso. La guerra de Flandes, el descontento popular y los problemas de sus nueras, enturbiaron su reinado, falleció el 29 de noviembre de 1314.

 

Documentos del Processus contra Templarios y Folio de Chinon

Los Archivos Vaticanos, presentaron el 25 de Octubre, un exclusivo volumen, donde se recogen todos los documentos sobre el juicio contra la Orden del Temple: el"Processus contra Templarios" .
Sorprende el precio 5.900 € y la tirada: 800 ejemplares , reservando el ejemplar número 800 para regalo al Papa Benedicto XVI. Solo unos pocos privilegiados podrán adquirir tan preciado tesoro, esperemos que pronto saquen una edición popular.

Folio de Chinon: Las declaraciones de los Templarios, la absolución y toma de los sacramentos antes de ser quemados.

Es un pergamino de grandes dimensiones (70x58 cm), redactado por los tres legados del Papa que formaban la comisión investigadora especial sobre los Templarios: los cardenales: Berenguer Fredol, Etienne de Suisy y Landolfo Brancacci.
Fue escrito en Chinon, población perteneciente a la diócesis de Tours, los días 17 al 20 de agosto de 1308. El manuscrito, se consideraba perdido en el siglo XVI y fue redescubierto en el año 2001 en los Archivos Vaticanos.
El folio de Chinon, contiene los interrogatorios realizados por la comisión papal a los templarios, en el castillo de Chinon (Francia), donde estaban encarcelados y las notas escritas por Clemente V y sus colaboradores.
El Folio de Chinon, demuestra que el papa Clemente V dio la absolución al Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, y a sus hermanos de la Orden.
El Pontífice les permitió además "recibir los sacramentos cristianos y ser acompañados de un capellán" hasta ser quemados en la hoguera.
El Documento de Chinon, demuestra la falsedad de las imputaciones realizadas contra la Orden, la bufonada del Proceso y los intereses que movió a los promotores. • Había que acabar con la Orden del Temple, acallando a Jacques de Molay y otros bailios. Jacques de Molay, había permanecido callado, sin apenas defender a la Orden, debido a la Obediencia que tenia al Papa y en todo momento exigía que fuese el Papa quien le juzgase. Emitida la injusta Orden de cadena perpetua, Jacques de Molay, pretende hablar y se le acallan a golpes. En este momento, se habría roto la obediencia de la Orden al Papa y las confesiones de Jacques de Molay, suponían un grave peligro para el Rey y el Papado.

  • ¿Ya no se podran sostener la acusación de renunciar a Cristo?. Jacques de Molay y Godofredo de Charnay, ante la injusta muerte en la Hoguera, piden que se les administren los sacramentos cristianos y lo quemen mirando a Notre Dame.?
  • Fueron condenados a Prisión Perpetua, pero el Rey Felipe el Hermoso, decidió: QUEMARLOS COMO HEREJES RELAPSOS.
    LA CADENA PERPETUA DEL TRIBUNAL, NO VALIA, POR DESEO DE LA CORONA DEBIAN SER QUEMADOS VIVOS EN LA HOGUERA.
  • El Documento de Chinon, demuestra la falsedad de las imputaciones realizadas contra la Orden, la bufonada del Proceso y los intereses que movió a los promotores.
  • Había que acabar con la Orden del Temple, acallando a Jacques de Molay y otros bailios. Jacques de Molay, había permanecido callado, sin apenas defender a la Orden, debido a la Obediencia que tenia al Papa y en todo momento exigía que fuese el Papa quien le juzgase. Emitida la injusta Orden de cadena perpetua, Jacques de Molay, pretende hablar y se le acallan a golpes. En este momento, se habría roto la obediencia de la Orden al Papa y las confesiones de Jacques de Molay, suponían un grave peligro para el Rey y el Papado.
  • El Pergamino de Chinon, deja al descubierto las vergüenzas de Papa Clemente V, pues permite quemar a unos inocentes, que dependían directamente de él.

La crítica histórica que acompaña a los ejemplares editados, toma partido por la afirmación de que Clemente V "absolvió a los templarios" pero que "comprendió que para evitar un cisma en la Iglesia era necesario sacrificar la supervivencia de la Orden".